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viernes, 1 de mayo de 2020

Te quiero ahora

No soy hombre de lunas de fresa,
de ramos de flores
y promesas eternas,
de morirme de amor por los rincones.

Cuando pienso en conquistar,
intuyo la guerra.

Por eso te hago pan,
con miga blanca y tierna,
y el verte comer
huele a primavera.
Por eso te hago (de) reír
disfrazado de verbena,
aunque sienta ganas de aullar,
embargado por la pena.
Por eso, cuando tú lloras,
callada y ajena,
yo solo permanezco,
distante, a tu vera.

Cuando pienso en parasiempres,
intuyo la muerte.

Te quiero ahora.
Cuando me miras con odio,
y sé que no mientes;
cuando te acercas y me tocas,
vestida de verde;
cuando no te entiendo
y no tengo ganas de entenderte;
cuando yo quiero un hijo,
y tú no lo quieres.

Te quiero ahora,
ahora muchas veces.

Tentar al destino
es cosa de valientes.

sábado, 15 de agosto de 2015

Palabras anoréxicas

Las nubes no dejan ver las estrellas,
que siguen ahí,
ajenas a tu mirada,
como si realmente no fuera con ellas.

Mis palabras anoréxicas ya no te tocan
y se convierten en piedra,
en epitafios de un amor escrito en sangre
y metáforas que no saben a nada.

No te equivoques,
no juzgo ni condeno.
Mi voz de barro se quiebra
si vislumbra tu derrota.
No corras más que el viento,
no olvides la memoria.

Yo nunca he sabido volar,
siempre me parto el alma y los besos
en pos de un quimérica odisea,
y dicen que soy maestro...
¡Yo qué voy a enseñar
si no sé ni decirte que te quiero!

Vendrán tiempos que no entenderemos,
el luto cada domingo,
vendrán los silencios eternos
y seremos nuestro propio castigo.

Yo no soy tu padre.
Tú no eres mi hijo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

A mi hijo, que no es



Te escribo para compartir mi cobardía,
para expiar mi culpa y mi egoísmo,
aunque tú no existas,
y sin ti no sea yo el mismo.

Sentado junto a la ventana
he observado mundos que naufragan,
miradas que generan desconfianza,
animales que se aman a dentelladas,
un millón de almas que vagan desalmadas.
He visto amores que se desmoronan,
lágrimas de luto, siempre a deshora,
sueños kamikazes que a la postre se agostan,
se marchitan o se inmolan.
He oído los quejidos y crujidos de la historia,
salpicados de sangre y desmemoria,
prestando su voz a vidas cortas,
nimias, fugaces, letales, traidoras.
He olido el aroma de la nada,
de las ruinas del amor entre las sábanas,
de la sangre propia malgastada,
de la muerte, que siempre comparte mi cama.

Son muchos los motivos, hijo mío,
que provocan esta eterna huida,
que te impiden iniciar tu camino
y te abocan a ser idea, a ser poesía.