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martes, 25 de enero de 2022

Las exequias de la imaginación

No lamento el tiempo

que horada nuestras vidas,

que hace y que deshace,

que hiere y cura las heridas.

Vivimos a pecho descubierto,

volamos sin paracaídas,

corazones lanzados al aire,

versos ebrios de tinta.

Urdimos planes secretos

que huelen a vida de veras,

le robamos un instante a la muerte

y ya nos pensamos eternos.

Los dioses permanecen impávidos

y poco a poco asistimos a las exequias

de la imaginación,

un eco de nadie,

un epitafio en blanco.

Perdemos a veces el norte y la razón,

y asirse es fútil,

una locura propia de un artista insolente

que insiste en su despropósito

soberbio y altivo,

que escoge la dignidad de la derrota

y sonríe, zozobrando,

porque vivir es un arte.

No lamento el tiempo

que invierto en tu sonrisa

porque aunque no nos lleve lejos

este viaje maravilla

hemos surcado mares y atravesado desiertos,

hemos tocado fondo y hemos besado el cielo.

Y si tengo que elegir,

me vuelvo a quitar la camisa.

martes, 22 de diciembre de 2020

Ni siquiera llorar

Asistimos atónitos a las exequias

de un presente

que empieza a diluirse,

y permanecemos impertérritos

y equidistantes.

 

Por fin sabemos

que no existe la verdad,

que multiplicar panes y peces

es apenas cuestión de voluntad,

y que todo está perdido.

 

El mundo se va a la mierda

pero queremos tomar el sol

porque solo se vive una vez,

se muera quien se muera.

Parece que todo está perdido.

 

¡Celebremos la estúpida humanidad!

¡Bendigamos el apocalipsis!

 

Los profetas gritan sus proclamas

agitando a la turba agonizante

mientras los estetas miran altivos

buscando un horizonte

que no ha de llegar,

y languidecen

hastiados.

 

Pronto nada tendrá sentido,

ni siquiera llorar.