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Soñaban despiertos que el atardecer
no era un ocaso,
no era un entierro.
Iban mano sobre mano,
con el sentimiento entrelazado y firme
como la roca ante la ola,
derramando sonrisas como migas de pan
por si la vida tuviese camino de vuelta,
como si la muerte no existiese.
Las voces temblorosas no guardan secretos
ni esconden un pasado extranjero
más allá de la memoria
o más acá del deseo.
El destino pasajero es siempre el mismo,
pompas de jabón que languidecen
estampadas invariablemente en el espejo.
Caminaban disfrazados de palabras
vistiendo el alma y la vida
en una huida imposible del silencio.
Un silencio que todo lo abarca.
Los sentimientos y emociones, aún imaginados, nos configuran. Las palabras son la germinación de los absurdos de mi ser, mi único destino. Sean benevolentes.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Incoherencia
Las cebollas hacen llorar.
Y a veces las personas.
Brindo con sangre por todas las derrotas,
las sufridas y las por sufrir,
hasta que la ebriedad atenace mis ansias.
Imploro el perdón de tus pecados,
suplico el don de tus favores,
celebro la joie de mis placeres.
Por las noches me convierto en un extraño
que vaga insomne por tus sueños,
como un alma que pena.
La cerveza caliente me disgusta.
Y también el olor a cerrado.
Pedir un poco más de tiempo
para zozobrar al fin
por el precio de un tequiero.
El humo atosiga la angustia,
me calma y atormenta,
me anula y me inflama.
La arena se derrama indemne.
Tus ojos me recuerdan un espejo
que me devuelve deformado,
irreconocible.
Incoherente.
Y a veces las personas.
Brindo con sangre por todas las derrotas,
las sufridas y las por sufrir,
hasta que la ebriedad atenace mis ansias.
Imploro el perdón de tus pecados,
suplico el don de tus favores,
celebro la joie de mis placeres.
Por las noches me convierto en un extraño
que vaga insomne por tus sueños,
como un alma que pena.
La cerveza caliente me disgusta.
Y también el olor a cerrado.
Pedir un poco más de tiempo
para zozobrar al fin
por el precio de un tequiero.
El humo atosiga la angustia,
me calma y atormenta,
me anula y me inflama.
La arena se derrama indemne.
Tus ojos me recuerdan un espejo
que me devuelve deformado,
irreconocible.
Incoherente.
jueves, 18 de octubre de 2012
Los sindiós
los enajenados bienaventurados
que se resisten a doblar la rodilla,
los granos enquistados en la rabadilla
de un poder antropófago
que muere y muere y resucita,
los supervivientes hasta la muerte
y sin posibilidad de amparo,
los sindiós.
Aquí estamos sin perspectivas de futuro,
sin presente en que soñar,
sin un puto duro
y con unas ganas enormes de gritar.
Aquí estamos dispuestos a estar,
y sobre todo dispuestos a ser,
de pie, sin echar el cuerpo a tierra.
Aquí estamos, con los pies desnudos
para que sepáis que no queremos escapar,
para echar raíces y enseñaros
cómo se conjuga el verbo amar.
viernes, 12 de octubre de 2012
12-10-2012
A Fiya, el día de su boda
El tiempo, amigo,
ha ido pasando,
cubriendo
nuestras huellas con la arena del tiempo,
fundando su
futuro en los cimientos del recuerdo,
volviéndonos
locos de amor,
enajenados de
sueños.
Tropezamos juntos
en todas las piedras del camino
escribiendo
—fuenteovejuna— las derrotas que elegimos,
sonriendo, pues
sabemos del absurdo de estar vivos.
Fuimos viento
fresco por las calles de agua
en las noches de
invierno privadas de alba,
nobles de baja
estopa los lunes por la mañana.
Nos vestimos de
héroes en nuestra propia tragedia,
conscientes de la
muerte a la vuelta de la esquina,
impostando el
alma para engañar a la miseria,
brindando con
fuego por las entrañas de la vida.
El tiempo, amigo
mío, quizá bifurque nuestros pasos,
quizá eternice
los silencios,
quizá borre los
secretos,
jueves, 4 de octubre de 2012
El amor o la vida
El amor o la vida
Querido
Leo,
Dicen
que cuando algo acaba, nunca acaba bien. He vivido mucho y vario, y ya se sabe,
más sabe el diablo por viejo que por diablo, y yo he tenido tiempo para
aprender.
¿Sabes?
A quien más recuerdo es a tu abuela. Nos conocimos muy jóvenes, en las fiestas de
Sornay. Tengo aquel primer momento en que la vi grabado a fuego en la memoria:
ella bailaba con un oficial del ejército del aire, sus movimientos eran
gráciles y vaporosos, su sonrisa una invitación a la alegría. Llevaba un
vestido discreto, color amarillo pastel, que hacía que su cabellera dorada
desprendiera reflejos que me perseguían sin cesar al son de la música. Le
pregunté a un lugareño por aquella muchacha, y me informó cumplidamente: era
Émilie, la hija del maestro, la joya del pueblo. Le encantaba bailar, pero
jamás bailaba dos veces con el mismo joven. Por ese motivo decidí no sacarla a
bailar hasta que no estuviera preparado para conquistar su corazón.
La
guerra duraba ya dos años y, tras un breve permiso, tuve que partir de nuevo al
frente. Sin embargo en esta ocasión tenía un motivo precioso para volver.
Verdún fue la más horrible de las batallas, los obuses caían por doquier. Desde
que te levantabas hasta que el agotamiento te obligaba a dejarte caer entre los
temibles brazos de Morfeo, poblados de pesadillas, solo el olor a sangre y
pólvora, y el sonido de los alaridos y el dolor te acompañaban. He visto morir
a muchos buenos hombres entre mis brazos, sin poder hacer más que consolarlos.
Algunos perdieron un miembro. Yo perdí parte de mi alma. Solo el recuerdo de tu
abuela me salvó de la locura.
¿Tú
también la recuerdas, verdad?
Claro,
la querías casi tanto como yo…
Cuando
la guerra terminó volví a buscarla, decidido a demostrarle que sin mí, la vida
no tenía sentido.
Sornay
no había cambiado mucho. Las calles tranquilas apenas mostraban cicatrices de
la reciente contienda, solo algunas pintadas celebraban la victoria: “Vive la
France libre” o “Liberté, égalité, fraternité”. Émilie no era ya la hija del
maestro, sino la maestra. A su padre lo habían capturado los alemanes, y lo
habían ejecutado. Desde entonces ella había dejado de bailar, y el color de sus
ropas se había ensombrecido por el luto, me contaron.
La
paciencia y la perseverancia son grandes virtudes, como ya te he dicho en otras
ocasiones. Necesitaba un oficio, por eso, aprovechando mis habilidades, abrí la
academia de piano y, para darme a conocer, fui a la escuela, a proponer mis
servicios. Afortunadamente a ella, amante de la música, le pareció una gran
idea completar la enseñanza con un poco de alma, pues eso te da el piano, y
recomendó a sus alumnos mis clases. Ella misma quiso que le enseñara, cosa que,
por supuesto, me llenó de gozo.
Así
empezó todo. Después llegó el amor, y con el amor llegó tu madre, y tras ella
tu tío Charles. Y ahora estás tú.
Quizá
ahora no entiendas gran cosa, a lomos de un caballito de madera. No puedes
sospechar siquiera todo el amor y el dolor que te aguardan a la vuelta de la
esquina, frotándose las manos y sonriendo. Pero, antes de despedirme y darte el
relevo, quiero confesarte que yo tampoco entendía nada a lomos de mi caballito
de madera. Te confieso que quizá solo la música, la del corazón, merece la
pena. Te confieso que he vivido.
Y te
recomiendo, con todo mi amor, la vida.
El abuelo.
lunes, 10 de septiembre de 2012
2 x 2 = 0
A Belén, con amor.
Hoy he despertado sin tablas,
con un absurdo sabor a 0 en las entrañas,
burro, animal, enajenado,
solo dispuesto al alarido.
La ilógica lógica del desamparo
se eleva a la enésima potencia
y nos deja huérfanos de aire,
con la garganta anudada.
¿Dónde ahora?
No al cielo de los que esperan,
al mar de los que viajan sin maleta,
salado de lágrimas, las nuestras,
que hoy anegan el océano de pena.
Solo el amor duele más que la angustia
que provoca la amputación de un ángel,
ateo.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Verbo y Nombre
En el principio era el Verbo,
y el Verbo era con Dios,
y el Verbo era Dios. (Jn:1:1-3)
En el principio no fue el verbo,
fue el hombre y su hambre,
su capacidad de sueño
y de engendrar arte.
Solo después vino el chamán,
agitando los brazos con los ojos desbocados,
gritando odios, exigiendo obediencia, clasificando pecados,
a apropiarse del verbo y la sal.
Solo el nombre quedó al hombre,
que sin ser dios hizo un milagro
y nombró por todo el orbe
y aún hoy sigue nombrando.
Chamanes y sacerdotes, poetas y gramáticos
persiguen desde entonces la palabra,
la adoran y la ocultan unos,
otros la desprecian y la disfrazan.
Pero el nombre aún es del hombre,
y los dioses han muerto, o están muriendo.
lunes, 20 de agosto de 2012
El luto de veras
Nadie hay que sople las velas de la tarta en el cementerio,
una cama para la eternidad,
una excusa para el llanto.
Solo los tontos de remate viven empeñados en sobrevivir,
enfrentados al reloj y su destino,
escondidos de la vida y la sangre.
Tu recuerdo me traiciona,
me obliga a sentirme ráfaga caduca,
un estertor de sueño,
apenas un trazo titubeante.
La continuación de la locura multiplica el dolor.
El dolor nutre las palabras a menudo miserables.
Una miseria que emponzoña el alma del que escribe.
Dos mil doce es otro año para el olvido,
otra oportunidad perdida,
otro desvarío nomás.
Otra vida sin ti.
Pronto llegará el otoño y tras él el invierno
con su frío y sus mantas,
cambiaremos números y propósitos,
crearemos nuevos dioses y diablos,
cederemos otra vez a la tentación
de la primavera y languideceremos en verano,
hartos de todo, saciados de nada,
inmersos cada cual en su círculo vicioso.
Yo volveré a ser tú en algún instante,
quizá en agosto,
para soplar una vela inexistente,
un fuego clandestino y particular.
Yo volveré a ser tú para enfrentarme a tu ausencia
y naufragar nuevamente.
una cama para la eternidad,
una excusa para el llanto.
Solo los tontos de remate viven empeñados en sobrevivir,
enfrentados al reloj y su destino,
escondidos de la vida y la sangre.
Tu recuerdo me traiciona,
me obliga a sentirme ráfaga caduca,
un estertor de sueño,
apenas un trazo titubeante.
La continuación de la locura multiplica el dolor.
El dolor nutre las palabras a menudo miserables.
Una miseria que emponzoña el alma del que escribe.
Dos mil doce es otro año para el olvido,
otra oportunidad perdida,
otro desvarío nomás.
Otra vida sin ti.
Pronto llegará el otoño y tras él el invierno
con su frío y sus mantas,
cambiaremos números y propósitos,
crearemos nuevos dioses y diablos,
cederemos otra vez a la tentación
de la primavera y languideceremos en verano,
hartos de todo, saciados de nada,
inmersos cada cual en su círculo vicioso.
Yo volveré a ser tú en algún instante,
quizá en agosto,
para soplar una vela inexistente,
un fuego clandestino y particular.
Yo volveré a ser tú para enfrentarme a tu ausencia
y naufragar nuevamente.
viernes, 10 de agosto de 2012
Patria de un apátrida
Del más alto mástil ondea al viento mi capa,
no luce nobles colores ni insignias de coraje,
ontológico retal sobre campo de retales,
la sola bandera que reclama mi alma.
Las noches húmedas de invierno me protege,
es mantel de merienda al campo en primavera,
un cúmulo de despropósitos rezumando belleza,
la única patria a quien mi corazón obedece.
Es refugio salvador en los días grises y tristes,
un parapeto dónde guarecerse de los golpes,
el rincón oscuro dónde florecen los amores,
el edredón de tus mañanas, y tu Kleenex.
Eres el viento que me empuja,
eres la meta y la salida,
un porqué que sabe a duda,
un verso esperando a que lo escriba:
Eres la reina de mis pasos.
no luce nobles colores ni insignias de coraje,
ontológico retal sobre campo de retales,
la sola bandera que reclama mi alma.
Las noches húmedas de invierno me protege,
es mantel de merienda al campo en primavera,
un cúmulo de despropósitos rezumando belleza,
la única patria a quien mi corazón obedece.
Es refugio salvador en los días grises y tristes,
un parapeto dónde guarecerse de los golpes,
el rincón oscuro dónde florecen los amores,
el edredón de tus mañanas, y tu Kleenex.
Eres el viento que me empuja,
eres la meta y la salida,
un porqué que sabe a duda,
un verso esperando a que lo escriba:
domingo, 1 de julio de 2012
La inercia
La inercia es la vida,
aquello que te queda cuando todo se ha ido,
cuando te das cuenta de que ya no eres tan joven,
ya no eres tan guapo, y el futuro no se pone de tu lado.
Son las horas de tinta porque sí,
la búsqueda incansable de la nada,
otra forma de huir del abismo
sin joder al prójimo a sabiendas.
Es el fatum, el destino y el carácter,
aquella insoportable levedad del ser.
No tengo un catálogo de causas,
no trazo mapas que iluminen el camino
de aquí a allí, o viceversa;
me dejo ir con el viento y me contento
con dar esquinazo al enemigo,
la sospecha del vacío sustantivo.
La inercia permite apenas el aliento,
siembra y abona suspiros,
teje y desteje a su antojo
la tela inexorable del olvido.
aquello que te queda cuando todo se ha ido,
cuando te das cuenta de que ya no eres tan joven,
ya no eres tan guapo, y el futuro no se pone de tu lado.
Son las horas de tinta porque sí,
la búsqueda incansable de la nada,
otra forma de huir del abismo
sin joder al prójimo a sabiendas.
Es el fatum, el destino y el carácter,
aquella insoportable levedad del ser.
No tengo un catálogo de causas,
no trazo mapas que iluminen el camino
de aquí a allí, o viceversa;
me dejo ir con el viento y me contento
con dar esquinazo al enemigo,
la sospecha del vacío sustantivo.
La inercia permite apenas el aliento,
siembra y abona suspiros,
teje y desteje a su antojo
la tela inexorable del olvido.
sábado, 30 de junio de 2012
El final de los tiempos
Pincha aquí para escuchar el poema
Invariablemente los profetas clamaban la hecatombe.
Todos los signos eran signos de duelo o de muerte.
Primero, los parias se rebelaron y mordieron las manos
de aquéllos, que nombraban, hacían y deshacían a voluntad,
con la fuerza del hierro y la soberbia del oro.
Todas las bestias redujeron a cenizas el pasto preciado
y volvieron la vista, y en estampida sofocaron al paria
y su sueño desvencijado.
Los poetas guardaron silencio,
consumando la noble tradición de la alta traición.
Los sustantivos se creyeron a salvo parapetados
en la perpetua semántica del diccionario.
El error es siempre craso.
El verdadero error siempre es fatal.
Nadie fue el primero en tirar la piedra,
mas la piedra fue y volvió,
cercenando miembros y salpicando sangre,
como un bumerán de odio.
Nuestra estirpe es necia,
somos hijos de los hombres que no sabían ser viento,
que consagraban sus vidas al tiempo.
Los restantes decidieron abolir los gobiernos,
y quemaron las banderas y los cementerios.
Comprendieron el juego de ser adjetivos,
de ser a duras penas aliento que mueve una brizna.
Los restantes engendraron otros tiempos,
y estos lo harán de nuevo, aunque sobre la palabra
y sea pieza de museo.
Invariablemente los profetas clamaban la hecatombe.
Todos los signos eran signos de duelo o de muerte.
Primero, los parias se rebelaron y mordieron las manos
de aquéllos, que nombraban, hacían y deshacían a voluntad,
con la fuerza del hierro y la soberbia del oro.
Todas las bestias redujeron a cenizas el pasto preciado
y volvieron la vista, y en estampida sofocaron al paria
y su sueño desvencijado.
Los poetas guardaron silencio,
consumando la noble tradición de la alta traición.
Los sustantivos se creyeron a salvo parapetados
en la perpetua semántica del diccionario.
El error es siempre craso.
El verdadero error siempre es fatal.
Nadie fue el primero en tirar la piedra,
mas la piedra fue y volvió,
cercenando miembros y salpicando sangre,
como un bumerán de odio.
Nuestra estirpe es necia,
somos hijos de los hombres que no sabían ser viento,
que consagraban sus vidas al tiempo.
Los restantes decidieron abolir los gobiernos,
y quemaron las banderas y los cementerios.
Comprendieron el juego de ser adjetivos,
de ser a duras penas aliento que mueve una brizna.
Los restantes engendraron otros tiempos,
y estos lo harán de nuevo, aunque sobre la palabra
y sea pieza de museo.
jueves, 28 de junio de 2012
Genética avanzada
Pincha aquí para escuchar el poema
Siento como propios tus abismos,
todas las condenas a muerte,
los tumultos angustiantes
que invitan sonriendo al suicidio.
Siento cada grano de tiempo escurridizo
huyendo hacia atrás,
como si todo hubiera sido nada,
como si no importara la ausencia de sentido.
Me observo y te observo derrotada,
con apenas esperanzas para el ahora,
un ahora que se diluye en una lágrima
enquistada y absorta, fúnebre y rota.
Y todo lo que diga,
y lo que pueda llegar a decir,
se me antoja bagatela en tu ausencia,
aunque me mires y asientas, con la sonrisa tenue.
Aunque el futuro me mienta,
y prometa rosas y niños, puertas y trenes,
me planto aquí, enfermo de presente,
a custodiar tu sueño duermevela.
Siento como propios tus abismos,
todas las condenas a muerte,
los tumultos angustiantes
que invitan sonriendo al suicidio.
Siento cada grano de tiempo escurridizo
huyendo hacia atrás,
como si todo hubiera sido nada,
como si no importara la ausencia de sentido.
Me observo y te observo derrotada,
con apenas esperanzas para el ahora,
un ahora que se diluye en una lágrima
enquistada y absorta, fúnebre y rota.
Y todo lo que diga,
y lo que pueda llegar a decir,
se me antoja bagatela en tu ausencia,
aunque me mires y asientas, con la sonrisa tenue.
Aunque el futuro me mienta,
y prometa rosas y niños, puertas y trenes,
me planto aquí, enfermo de presente,
a custodiar tu sueño duermevela.
Intrascendencia
Cepillarse los dientes cada mañana,
automáticamente ojear el espejo
y descubrir el continuo ojeras orejas,
conjurar el disimulo.
El camino sempiterno que conduce
siempre a Roma,
dondequiera que esté.
Hablar como si todo importase
o como si nada importase,
tanto da.
Regalarse quizá una mirada furtiva,
una concesión al deseo más oculto,
y naufragar en sueño.
Mi tiempo es al fin y al cabo una ironía
que multiplica palabras de aire,
una ráfaga hilarante.
automáticamente ojear el espejo
y descubrir el continuo ojeras orejas,
conjurar el disimulo.
El camino sempiterno que conduce
siempre a Roma,
dondequiera que esté.
Hablar como si todo importase
o como si nada importase,
tanto da.
Regalarse quizá una mirada furtiva,
una concesión al deseo más oculto,
y naufragar en sueño.
Mi tiempo es al fin y al cabo una ironía
que multiplica palabras de aire,
una ráfaga hilarante.
miércoles, 27 de junio de 2012
La inquina
Construirse esquivando dardos,
con veneno,
sentir todas las miradas rebosantes
de odios,
y seguir en pie,
como siervo de la inquina.
Parapetarse en un ego
que se resquebraja,
lamentando su dicha
y escupiendo su alegría.
Ofrecerse en canal al asesino.
Mi destino es mi carácter.
con veneno,
sentir todas las miradas rebosantes
de odios,
y seguir en pie,
como siervo de la inquina.
Parapetarse en un ego
que se resquebraja,
lamentando su dicha
y escupiendo su alegría.
Ofrecerse en canal al asesino.
Mi destino es mi carácter.
domingo, 3 de junio de 2012
Aires de guerra
Pincha aquí para escuchar el poema
Arduo es el trabajo de cavar la propia tumba
y sin embargo los hombres se ayudan,
se dan la mano sucia de tierra y sonríen,
elevan a sagrado el sudor de sus frentes
revelando el irónico destino infame
de la pulcra inexistencia más allá de la carne.
Los hombres cantan canciones de siega,
marchan marciales en marchas triunfales,
con sangre firman armisticios en el aire,
se observan inquietos temiendo pelea.
Los árboles callan y otorgan, habituados.
Los insectos hambrientos presienten el festín.
La hora es llegada y el caos aguarda.
Todas las palabras son ofensa irreparable,
las patrias se inflaman, engordan y arden,
alimentando diferencia,
segregando odios razonables
que anidan en pechos desprovistos de razón,
apenas corazas que no esconden corazón.
Los estandartes abandonan sus guaridas,
los generales hollan nuestros sueños,
bendicen la barbarie con denuedo,
y los campos se abarrotan de suicidas.
Aires de guerra soplan,
y los poetas presienten
una nueva derrota.
Arduo es el trabajo de cavar la propia tumba
y sin embargo los hombres se ayudan,
se dan la mano sucia de tierra y sonríen,
elevan a sagrado el sudor de sus frentes
revelando el irónico destino infame
de la pulcra inexistencia más allá de la carne.
Los hombres cantan canciones de siega,
marchan marciales en marchas triunfales,
con sangre firman armisticios en el aire,
se observan inquietos temiendo pelea.
Los árboles callan y otorgan, habituados.
Los insectos hambrientos presienten el festín.
La hora es llegada y el caos aguarda.
Todas las palabras son ofensa irreparable,
las patrias se inflaman, engordan y arden,
alimentando diferencia,
segregando odios razonables
que anidan en pechos desprovistos de razón,
apenas corazas que no esconden corazón.
Los estandartes abandonan sus guaridas,
los generales hollan nuestros sueños,
bendicen la barbarie con denuedo,
y los campos se abarrotan de suicidas.
Aires de guerra soplan,
y los poetas presienten
una nueva derrota.
sábado, 2 de junio de 2012
Desamparo
Pincha aquí para escuchar el poema
Necesitas a veces una excusa
para salir a bailar desnuda
recordando amores de antaño
gozando, girando, soñando.
Sin embargo no hay excusa,
el tiempo se impone solemne,
solo sueña cuando duerme
y no llora, oculta en la penuria.
La culpa se entreteje en tus palabras
adelgazándolas, dejándolas sin aire,
construyendo versos de sangre,
suspiros que agotan un alma.
La salida se esconde y no hay puertas.
De la vida solo conoces la sal.
Necesitas a veces una excusa
para salir a bailar desnuda
recordando amores de antaño
gozando, girando, soñando.
Sin embargo no hay excusa,
el tiempo se impone solemne,
solo sueña cuando duerme
y no llora, oculta en la penuria.
La culpa se entreteje en tus palabras
adelgazándolas, dejándolas sin aire,
construyendo versos de sangre,
suspiros que agotan un alma.
La salida se esconde y no hay puertas.
De la vida solo conoces la sal.
lunes, 28 de mayo de 2012
Lo mejor de lo peor
Lo mejor del invierno es su embrión de primavera,
lo mejor de la muerte es saber que engendra vida,
y lo mejor de ésta es que no es eterna.
El amor, si lo es, es breve y es fugaz, como todo,
como las flores de hierro y los imperios de barro,
y los libros sagrados escritos con odio.
Lo mejor del espejo descubrir la viñeta,
el humor negro, y gallego, de saberse apenas viento,
ola insignificante en el vaivén de la marea.
El tiempo -mi tiempo- una excusa para el arte
de ir malviviendo a duras penas, a dulces alegrías,
sembrando sustantivos por el aire.
Lo mejor de la poesía es su coraza emotiva,
rebanar, untar, amasar el sentimiento
y venderlo al peso entre comillas.
lo mejor de la muerte es saber que engendra vida,
y lo mejor de ésta es que no es eterna.
El amor, si lo es, es breve y es fugaz, como todo,
como las flores de hierro y los imperios de barro,
y los libros sagrados escritos con odio.
Lo mejor del espejo descubrir la viñeta,
el humor negro, y gallego, de saberse apenas viento,
ola insignificante en el vaivén de la marea.
El tiempo -mi tiempo- una excusa para el arte
de ir malviviendo a duras penas, a dulces alegrías,
sembrando sustantivos por el aire.
Lo mejor de la poesía es su coraza emotiva,
rebanar, untar, amasar el sentimiento
y venderlo al peso entre comillas.
domingo, 27 de mayo de 2012
Silencio se acerca
Pincha aquí para escuchar el poema
Hay quien habla solo para romper el silencio,
y el silencio ni se inmuta,
permanece impasible,
consciente de la nimiedad del adversario.
Hay quien calla y otorga y se acobarda
ante un silencio en su pedestal,
adelgazando la idea y la garganta,
besando un suelo de mugre.
Hay quien grita verdades a medias
y a medias le ofrecen mentiras
como un eco de patrones imposibles
que se estrellan y estallan.
Hay quien pronuncia, como un pájaro,
variaciones de la misma melodía,
juegos de azar con el destino,
como si enfrentara siempre el último trino.
Todos van o vienen.
Ninguno se queda.
Solo el silencio permanece.
Hay quien habla solo para romper el silencio,
y el silencio ni se inmuta,
permanece impasible,
consciente de la nimiedad del adversario.
Hay quien calla y otorga y se acobarda
ante un silencio en su pedestal,
adelgazando la idea y la garganta,
besando un suelo de mugre.
Hay quien grita verdades a medias
y a medias le ofrecen mentiras
como un eco de patrones imposibles
que se estrellan y estallan.
Hay quien pronuncia, como un pájaro,
variaciones de la misma melodía,
juegos de azar con el destino,
como si enfrentara siempre el último trino.
Todos van o vienen.
Ninguno se queda.
Solo el silencio permanece.
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