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miércoles, 10 de enero de 2018

Un cuento


Érase una vez dos locos de atar
que cansados de tanto suelo
decidieron emprender el vuelo
y no morir sin amar.

Ella, que no sabía ser princesa,
que no imploró que la salvasen,
que jamás tuvo paciencia
e hizo de la lucha un arte,
esta vez,
casi sin querer,
se dejó cautivar.

Él, acostumbrado a ser víctima y verdugo,
sin nada que ofrecerle
excepto una palabra triste y un rincón oscuro,
una caricia leve,
esta vez,
casi sin querer,
se atrevió a soñar.

No eran niños persiguiendo moralejas,
quien ha sido pirata
de sobra sabe naufragar,
eran dos amantes brillando como estrellas
que se fugan
e incendian el mar.

Se miraban a los ojos con fiereza
cogidos de la mano,
dispuestos a vivir
el cuento que acaba de empezar.

jueves, 18 de octubre de 2012

Los sindiós


Pincha aquí para escuchar el poema

Aquí estamos los locos de atar,
los enajenados bienaventurados
que se resisten a doblar la rodilla,
los granos enquistados en la rabadilla
de un poder antropófago
que muere y muere y resucita,
los supervivientes hasta la muerte
y sin posibilidad de amparo,
los sindiós.
Aquí estamos sin perspectivas de futuro,
sin presente en que soñar,
sin un puto duro
y con unas ganas enormes de gritar.
Aquí estamos dispuestos a estar,
y sobre todo dispuestos a ser,
de pie, sin echar el cuerpo a tierra.
Aquí estamos, con los pies desnudos
para que sepáis que no queremos escapar,
para echar raíces y enseñaros
cómo se conjuga el verbo amar.