Mostrando entradas con la etiqueta fuego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fuego. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de agosto de 2018

Incandescencia en mí mayor

Espera,
detente,
atenta.
El aire quema
y duele respirar.
Vive.
Bebe.
Déjate derramar.
El tiempo siempre vuela
y nunca supo a-mar.

Derriba todas tus barreras,
dibuja tu propio camino,
persigue tus ganas de más. 

No tengas prisa,
la meta es la frontera
que no quieres cruzar,
la última sonrisa.

Quema el aire cuando sueñas,
cuando rechazas despertar,
cuando despliegas tus velas
y arde el qué dirán.

Las cenizas del incendio
son las nuestras,
nuestras ansias lisonjeras,
los quebrantos y los duelos,
las mentiras piadosas
y los más oscuros secretos.
Pasto de las llamas,
humo, éter, nada.

Vive. Bebe. Ama.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Invocaciones

Abajo está la calle,
ese mundo en el que somos extranjeros
pero disimulamos,
y nos escondemos.

Yo no sé salir.
Yo no sé volar.
Yo no sé bailar.
Canciones infantiles con su ritmo de fuego,
con su fuego que arde,
con sus miedos de hielo,
atenúan un silencio suave y austero.

La luna no aparece.
Los amantes se oscurecen.

No hay besos clandestinos
y las callejas permanecen desnudas,
arrasadas,
extravagante y elocuentemente puras,
vacías de sentido.

Porque no acudes cuando te llamo
aún te invoco
y te acecho en cada vida
que atesoro,
que me invento y me suicida.

Las palabras son embriones.
Las palabras son ataúdes.
No hay destino sin carácter
ni carácter sin destino,
no hay poeta sin herida,
y la sangre nunca es vino.

No socorres mis desvelos,
no bendices la tristeza,
no disfrazas un orgasmo.
No tienes piedad.

El amor es sordo,
y es ciego,
pero no sabe callar.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Ser quien soy



Me acostumbro cada día a ser el amante,
a no ser el amor,
a pasar los domingos entre lágrimas
que agonizan al sol.
Te acepto cuando vienes, intempestiva,
acepto tus juegos malabares
y el calor desbordante de tu risa,
y me quemo en un cuerpo que arde.
Sé que somos imposible,
una absurda contradicción,
que vuelvo a ser un kleenex,
el verso sin rima de la canción.
Tras el fuego te vas
y me dejas a mi muerte,
desnudo y helado,
como un cuerpo transparente
hecho de semen y sal.
Yo no sé ladrar,
apenas escribo,
a borbotones y mal,
suplicando tu olvido.

Aprendí a ser el amante,
aprendí a renunciar al amor,
a convertirme en un páramo errante,
a celebrar con ginebra el dolor.

No maldigas ahora mi estampa,
solo pude ser quien soy.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Superstición



Clarividente,
el oráculo me anunció su profecía:
Tres vendrán que marcarán tu camino,
la primera con sangre,
la segunda con fuego,
la tercera, con la sal del olvido.
Y me fui,
con las manos en los bolsillos,
alérgico a dioses y profetas,
vestido de amarillo,
fumándome otro peta,
convencido de mi Carácter es destino.

Pero vino la sangre y me arrasó las venas,
me dejó vacío de certezas,
huérfano de sueños,
paria y apátrida,
un hijo bastardo de la hoguera
que muere en el recuerdo de una cama
miserable, oscura y enferma.
Y el hijo del fuego en fuego se quema,
despelleja el alma y enardece la locura,
se consume entre humo denso y amargura,
consciente y embargado por la pena.
Esa era la segunda.
¿Y si carácter no es destino?
¿Y si es solo azar?
Tirar los dados en el vacío
y siempre ser impar,
seres condenados al desvarío,
a deambular
hasta encontrar nuestra parcela de olvido,
nuestra estatua de sal.

El oráculo me lo dijo,
y yo iba vestido de amarillo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Guerra y paz

Pincha aquí para escuchar el poema

El aire arde,
en llamaradas estalla la tormenta
y atraviesa el absurdo que heredan
los héroes cobardes.
La guerra ha terminado y los guerreros
retornan a sus casas muertos de vergüenza,
con el alma y el rabo entre las piernas,
prisioneros del miedo propio y del ajeno.
Los motivos y causas más nobles perecen
al primer entrechocar de espadas,
aunque el campo de batalla sea una cama
y se quieran amantes ambos combatientes.
Todos pierden al firmar el armisticio,
las heridas siempre supuran venganza,
y se miran y se miden con desconfianza
comparando sin piedad lo perdido.
La sangre ha de correr de nuevo,
no puede ser esta infame paz duradera,
el soldado se muerde las ganas y espera,
silencioso, otro tiempo de fuego.

lunes, 20 de agosto de 2012

El luto de veras

Nadie hay que sople las velas de la tarta en el cementerio,
una cama para la eternidad,
una excusa para el llanto.

Solo los tontos de remate viven empeñados en sobrevivir,
enfrentados al reloj y su destino,
escondidos de la vida y la sangre.

Tu recuerdo me traiciona,
me obliga a sentirme ráfaga caduca,
un estertor de sueño,
apenas un trazo titubeante.

La continuación de la locura multiplica el dolor.
El dolor nutre las palabras a menudo miserables.
Una miseria que emponzoña el alma del que escribe.

Dos mil doce es otro año para el olvido,
otra oportunidad perdida,
otro desvarío nomás.
Otra vida sin ti.

Pronto llegará el otoño y tras él el invierno
con su frío y sus mantas,
cambiaremos números y propósitos,
crearemos nuevos dioses y diablos,
cederemos otra vez a la tentación
de la primavera y languideceremos en verano,
hartos de todo, saciados de nada,
inmersos cada cual en su círculo vicioso.

Yo volveré a ser tú en algún instante,
quizá en agosto,
para soplar una vela inexistente,
un fuego clandestino y particular.

Yo volveré a ser tú para enfrentarme a tu ausencia
y naufragar nuevamente.