Mostrando entradas con la etiqueta mapas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mapas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de agosto de 2017

Soñando sirenas


Las luces se encendieron,
de repente,
cuando aprendía ya a ser
un bala perdida,
un ojo tuerto,
un tren que descarrila,
el sueño obrero,
otro joven suicida.

Los mapas ofrecieron,
entonces,
sus tesoros escondidos,
sus secretos más tenaces,
lugares de destino
que son sólo carácter
vestidos de extranjera
que no sabe volar
pero que vuela.

Los claros clarines abren las puertas
y la música se adueña,
ahora,
de todos los silencios surcados,
de todas las velas henchidas
de palabras que saben ser abrazo
y olvidan la poesía.

No sabemos gozar
pero gozamos a sabiendas
de que no somos eternos
para que nos duela menos
aceptar la ciencia cierta:
el amor es la mar.

Aceptamos los naufragios
como condición sine qua non
pero miramos el horizonte,
y soñamos.

martes, 29 de enero de 2013

L'amour est éternel


A mis compañeros.

¿Tú me preguntas por qué enseño?
Enseño porque sí, porque respiro y como y bebo.
Enseño porque vivo.
No te equivoques. No es álgebra, ni trivium ni quadrivium.
Es el hálito del hombre.
Es enseñar a respirar, a caminar y a hacer mapas,
mapas propios e importantes,
que dibujen los caminos seguidos y abandonados,
un repertorio de sueños, un diccionario de dudas,
y apenas un par de respuestas,
un asidero al que aferrarse.

¿Tú me preguntas cómo enseño?
Enseño como tú, amando la vida en cada palabra,
sintiéndome libre aun estando preso,
obviando lo urgente e inventando lo importante,
generando,
imprimiendo corazón, con los ojos abiertos,
y las manos dispuestas a ayudarte.
Nuestro amor es eterno.

domingo, 1 de julio de 2012

La inercia

La inercia es la vida,
aquello que te queda cuando todo se ha ido,
cuando te das cuenta de que ya no eres tan joven,
ya no eres tan guapo, y el futuro no se pone de tu lado.

Son las horas de tinta porque sí,
la búsqueda incansable de la nada,
otra forma de huir del abismo
sin joder al prójimo a sabiendas.
Es el fatum, el destino y el carácter,
aquella insoportable levedad del ser.

No tengo un catálogo de causas,
no trazo mapas que iluminen el camino
de aquí a allí, o viceversa;
me dejo ir con el viento y me contento
con dar esquinazo al enemigo,
la sospecha del vacío sustantivo.

La inercia permite apenas el aliento,
siembra y abona suspiros,
teje y desteje a su antojo
la tela inexorable del olvido.