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martes, 17 de abril de 2018

Soñeto de amor jurídico

No queremos inventar un motivo
para excusar una derrota cierta
ni vendernos a una esperanza yerta
escribiendo el amor como lascivo.

Un deseo que soñamos esquivo,
ausencia que alimenta un alma muerta
de secretos que ocultan nuestras puertas
con un afán suicida, destructivo.

Juzgamos como jueces el pecado
e imponemos severos el castigo
al que tuvo el valor de haber amado,

al que rehuyó de ser mendigo
y abrió sin miedo un corazón cerrado
a un amor sin doblez y sin testigos.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Soñando sirenas


Las luces se encendieron,
de repente,
cuando aprendía ya a ser
un bala perdida,
un ojo tuerto,
un tren que descarrila,
el sueño obrero,
otro joven suicida.

Los mapas ofrecieron,
entonces,
sus tesoros escondidos,
sus secretos más tenaces,
lugares de destino
que son sólo carácter
vestidos de extranjera
que no sabe volar
pero que vuela.

Los claros clarines abren las puertas
y la música se adueña,
ahora,
de todos los silencios surcados,
de todas las velas henchidas
de palabras que saben ser abrazo
y olvidan la poesía.

No sabemos gozar
pero gozamos a sabiendas
de que no somos eternos
para que nos duela menos
aceptar la ciencia cierta:
el amor es la mar.

Aceptamos los naufragios
como condición sine qua non
pero miramos el horizonte,
y soñamos.

lunes, 3 de abril de 2017

La partida



Me obligo a la contención y la mesura
cuando te miro y me callo
y callando ensayo
un rol de imperturbable impostura.
Y fracaso.
Yo no sé vivir a ralentí.
Yo soy fanático del todo o nada,
otro loco que siempre pierde el alma.

La ducha no es lugar para cantantes,
me digo mientras duermes,
lejos,
y no puedo follarte.

Empiezo a sentir el precio
de estar llegando siempre tarde
a mi cita con la vida,
a pesar de saber
que perder con dignidad es todo un arte
que domino,
esta vez quiero empatar la partida.

Me muero por tenerte delante.
Desnuda.
Dispuesta.
Suicida.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Preguntas que importan (y no importan)

Escúchame pulsando aquí.

Cuando respiro, respiro,
y no me harto.
Y sí, algo marcha mal,
los amaneceres hieden a obituario,
la esperanza huye,
la candidez deserta.

Apenas ayer soñábamos
escribir los versos más tristes,
más endiabladamente tiernos,
y dulces,
y austeros.
Y no.

Los versos que soñamos
también son de agua,
también son de aire,
se exhalan
y se olvidan.

Para que otras calles
bendigan tu nombre
yo invoco mi silencio,
una ausencia equidistante
y suicida.

Sabemos remendar la historia con un lápiz.
Sabemos vender simulacros.

Lo que nunca pudimos siquiera imaginar
es este a pesar de todo,
este ansia que no cesa,
el instante, insignificante y absurdo,
que media entre el amor y el odio.

No importan las preguntas
si no seducen las respuestas,
en cambio,
si nos seducen las respuestas,
poco importan las preguntas.

Sé que respiro.
Y no me harto.

miércoles, 4 de febrero de 2015

El torrente

La lluvia comienza dubitativa,
apenas unas gotas tenues se atreven a caer,
danzando con el viento,
y a besar la tierra,
a hacer el amor con un suelo anhelante de humedad.

El mundo se ruboriza y estremece
al tacto de cada caricia,
se hincha y se enternece.

Florecen los campos,
florecen las ciudades,
los abrevaderos se llenan
de corazones que laten,
de corazones que bullen
sin miedo y sin equipaje.

La lluvia riega.
Pero la lluvia anega.

El deshielo de los sueños
siempre llega demasiado pronto,
a deshora.
Una gota y otra gota no hacen dos gotas,
hacen cascada y hacen torrente.
Y el torrente ruge rabioso
y se lanza violento hacia el abismo
enarbolando su naturaleza suicida
y arrasando al paso,
como si nada importara
salvo un espejo maldito
que siempre refleja la muerte.

Fuimos hijos de la tempestad
y la tormenta,
apenas agua que llueve,
dice que vuela,
sueña el amor,
e invariablemente se estrella.

Fuimos, somos, seremos torrente. 


lunes, 15 de septiembre de 2014

Fundido a negro

Nunca fuimos extraños.
Antes de doblar aquella esquina,
de leer el periódico de ayer,
aderezado con un sabroso café aguado
y un croissant made in china,
de enfrentarme a otro lunes traidor,
antes,
mucho antes de eso,
yo ya te conocía.

Tu voz resonaba en todos mis rincones,
asumiendo un eco perenne,
y repetía una y otra vez la palabra,
denodada y transparente.

Tu mirada latía inquisitiva en todas las miradas,
como un león al acecho.

Yo ya te conocía,
presentía tu presencia
y soñaba que escapaba,
indemne una vez más,
del abismo de tu ausencia.

Y aquel lunes otoñal,
gris y terco en la tristeza,
te vi.
Te vi y supe que eras tú,
que habías sido siempre tú.

Fundido a negro.

El martes los diarios destacaban
la insultante belleza
de la suicida matutina.