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jueves, 21 de marzo de 2013

Exiguo presente


Errar impenitente por los arrabales de la cordura,
como un ave eternamente peregrina,
esquivando espejos,
rompiendo espejos,
vomitando dolor a borbotones,
enajenando miradas,
se antoja un motivo insuficiente.
La huida solo ofrece agua salada,
y estoy sediento.
El pasado funda flores de luto,
tempus fugit,
locus eremus y amoenus se confunden,
y mi casa huele a cementerio.
El futuro es un espejismo certero,
un reflejo anonadado,
el recuerdo de un recuerdo.
No tengo excusas,
ni razones ni razón,
solo la rutina alimenta mis versos,
manidos e insignificantes.

lunes, 20 de agosto de 2012

El luto de veras

Nadie hay que sople las velas de la tarta en el cementerio,
una cama para la eternidad,
una excusa para el llanto.

Solo los tontos de remate viven empeñados en sobrevivir,
enfrentados al reloj y su destino,
escondidos de la vida y la sangre.

Tu recuerdo me traiciona,
me obliga a sentirme ráfaga caduca,
un estertor de sueño,
apenas un trazo titubeante.

La continuación de la locura multiplica el dolor.
El dolor nutre las palabras a menudo miserables.
Una miseria que emponzoña el alma del que escribe.

Dos mil doce es otro año para el olvido,
otra oportunidad perdida,
otro desvarío nomás.
Otra vida sin ti.

Pronto llegará el otoño y tras él el invierno
con su frío y sus mantas,
cambiaremos números y propósitos,
crearemos nuevos dioses y diablos,
cederemos otra vez a la tentación
de la primavera y languideceremos en verano,
hartos de todo, saciados de nada,
inmersos cada cual en su círculo vicioso.

Yo volveré a ser tú en algún instante,
quizá en agosto,
para soplar una vela inexistente,
un fuego clandestino y particular.

Yo volveré a ser tú para enfrentarme a tu ausencia
y naufragar nuevamente.