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domingo, 8 de junio de 2025

Jugar

Casi me olvido de jugar

orillado por un mundo

que aturde,

casi pierdo una metáfora

y una sinestesia

ahogándome

en un mar de certezas.

El fulgor de antaño

es ascua hoy.

Y sin embargo.

 

Estoy mayor

para soñar a pierna suelta

y redimirme.

Nunca nadie ha ganado

la contienda

contra el tiempo

y su condena.

 

Estoy mayor

para escribir este poema

y tomar en serio

al poeta que hay en mí,

balbuciendo

cuatro versos sin sentido.

 

Y probablemente 

estoy mayor

también para ganarme

los deseos que aún deseo:

tu cuerpo junto al mío

mientras nacen tres palabras;

tierra para crecer;

aire para volar;

lápiz y papel.

 

Y sin embargo,

solo a veces,

el tiempo es infinito

y puede ir al revés

y el juego,

casi ya olvidado,

se reinventa.

Y palabra tras palabra

el poema se escribe

y arde.

 

Y yo vuelvo a ser poeta.

martes, 2 de julio de 2024

Contigo o sin ti

¿Cuántas veces has pensado en salir huyendo,

sin equipaje,

e inaugurar un mundo nuevo

en cualquier parte,

lejos de ti?

 

Por mucho que insistas

no puedes caminar hacia atrás

y las heridas

nunca dejan de sangrar,

aunque se curen.

 

Todos coleccionamos amarguras,

propias y ajenas,

y encrucijadas que nos bifurcan

y que nos niegan

la realidad o el deseo.

 

No sucumbas todavía

al terror del ciento volando,

a la usura de la melancolía,

al anhelo de un bello epitafio.

No ha lugar.

 

La vida se hace y se deshace

aquí y ahora,

contigo

o sin ti.

miércoles, 27 de marzo de 2024

El arte

A veces el invierno

se impone

y el silencio

de los pájaros ausentes.


El verso se enroca

en estas calles

que no saben callar

su miseria.


Voces, mientras tanto,

insulsas pregonan

el impetuoso sabor

de las fresas a destiempo.


Los alaridos de Munch.

El vacuo lujo de Lempicka.

La cordura de Dalí.

El jardín de las delicias.


Ciertas oscuras golondrinas,

el deseo enfermo de realidad

y el enésimo recoveco

de este laberinto sin salida

que solemos llamar hogar.


Vendemos humo

viendo el mundo arder

con una cerilla en la mano.


El suicidio

o

el arte.


lunes, 21 de agosto de 2017

Margaritas de poetas

Cuando nadie me ve
deshojo margaritas
que nunca dicen no,
invento criaturas
que se travisten
de miedo y afloran,
me desnudo
y me observo.

Todas las canciones infantiles languidecen,
acechando con timidez tras una lágrima
que se antoja intempestiva,
y fugaz.
A tiempo comprendimos
que el futuro es un embrión de pasado,
un hijo bastardo
de nuestros sueños y nuestras pesadillas.

A veces repienso palabras
que dicen más de lo mentado
y dibujo instantáneas de un deseo
que nunca se da por realizado.

A veces sueño que soy
un caballero de la Edad Media,
un oficial y caballero seductor,
un donjuán de corta y pega,
otro insigne perdedor
disfrazado de poeta.

Cuando nadie me ve,
cuando tú me ves.

sábado, 22 de octubre de 2016

Del deseo

Busco la memoria de tu cuerpo,
apenas vislumbrado en las orillas
de una consciencia traidora,
empeñada en desdibujar los contornos
de un deseo mayúsculo
y minúsculo.
Juego a inventarte desnuda,
a mordisquear los anhelos
que esperan por tu ropa,
en el suelo,
a los pies de mi cama
y mis pecados.
Viajo impenitente ávido de saber,
buscando un cuerpo que no envenene,
que recoja y siembre
versos y besos
que sepan perdonar mi osadía.
(¿Qué nos vamos a contar acerca del deseo?)

viernes, 26 de febrero de 2016

Hijos del absurdo

Resbala el tiempo poco a poco
por un rostro
que ya no se queja
ni se pudre,
permanencia de aire
y de nieve
elevada al altar
iridiscente de la decadencia,
absurdos impenetrables
que nos definen.
Mientras tanto nada parece
muy importante
salvo
quizá
una inanición mesiánica
la víspera de la parca,
un sonámbulo deseo
de vacío que redima.

El fulgor fue tan efímero
como las sombras
que destila el silencio,
tan terco como la nada.

Ni supimos ni pudimos ser mejores,
y realmente nos dio igual.

Ya apostamos, y perdimos.
Sedujimos la impostura
malversando nuestra exigua dosis de fe,
y sólo atendemos besar el olvido.

miércoles, 1 de abril de 2015

El extravío

Me siento,
y en silencio cargo con el peso de los días
que he vivido,
que me quedan por vivir.
Siento áspera la inercia que va arañando
mi piel y mi esperanza
en este absurdo pan para hoy.
Nada crece verde en la tierra umbría.
Siento la mirada de los dóciles
y de los aguafiestas
clavada insensiblemente en las entrañas,
y sangro apenas,
como si realmente no importara.
Siento que los motivos eran otros,
que los caminos eran otros,
que los silencios tenían que ser otros,
pero fueron estos mismos:
motivos de oro o de barro,
caminos de espina y espanto,
silencios de verbo abarrotado,
precuelas inefables de un abismo
tan propio como impersonal.
Soy hijo del silencio de los cielos,
del caminante no hay camino,
del superyo despertando de sus sueños,
soy de la generación del extravío.
¿Qué hacer cuando el deseo se pudre?


jueves, 2 de octubre de 2014

Deseo

Cuando olvido tu cuerpo
me pierdo en mi propia insignificancia,
y yerro con los ojos cerrados.

Todos los cuerpos son tu cuerpo,
pero tú permaneces ausente,
como la muerte demorándose,
segura de una victoria incontestable.

Recorro siluetas que mecen sin llegar a estremecer,
sombras de tu sombra,
imágenes robadas a un espejo.

Me turbo si te intuyo, de puertas abiertas,
cerca, al doblar una esquina,
en la vecina del tercero,
en la profesora de llanto
o en la esposa de madera.
Me turbo… y huyo.

Te conozco. Sé que estás ahí, esperándome.
Carácter es destino,
susurro en tu nombre,
ni solícito ni esquivo,
al cabo, y al fin,
vivir sin ti no es mejor que morir contigo.