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viernes, 7 de abril de 2017

Rojo sobre blanco




Negro sobre blanco es historia,
la mentira que ensombrece el alma
de un don nadie
que se atreve a respirar
inconsciente
y desarmado.

Los vendedores de astucia
permanecen ensimismados
y olvidan recordar el precio
-prohibitivo-
de una felicidad verdadera,
que no huela a coche nuevo
ni a incienso barato.

El amor se desparrama,
se cuela por los intersticios
de los sueños más amargos
y hace retoñar una esperanza
intempestiva, irracional,
omnívora.

La luz se rebela y huye,
una vez más,
y sólo nos queda buscar candiles
para no naufragar
en este viaje estéril.

Yo no sé seguir estrellas
ni baldosas amarillas,
pero canto cada día,
y desafino.

Rojo sobre blanco es metáfora
incandescente
y reverberante
de un fracaso que se atreve,
que es,
y que brilla.

martes, 1 de noviembre de 2016

Nietzsche en un armario


¿Es esto la vida?
Camino meditabundo,
perdido en ti,
sin destino
pero intentando sentir,
inventando anhelos.

Pronto mastiqué la ausencia
y me aferré al néctar de la culpa,
pronto empecé a amar el fracaso.

La infancia fue terror y magia,
el terror de descubrir el mundo,
la magia de descubrir al mundo.
Un paraíso fundado en el recuerdo.

Después, los abismos,
luchar por ser quien eres
ante un espejo
que no devuelve imágenes,
escribir mil profecías,
inconscientes
del principio
del fin.

Impostados,
nos lanzamos al amor
armados de metáforas,
seguros del laurel
y del éxtasis.

Pero el tiempo no se detiene.
El laurel se seca.
El éxtasis se acaba.

El que tiene una ilusión tiene un motivo,
nos dijeron,
perseverad.
Mens sana in corpore sano.
Vitaminas y colágeno.

Y abrazamos todos los clavos ardiendo,
nos sentamos en todas las cunetas
aún sin atrevernos a dejar la carretera,
atenazados por la rabia,
azuzados por el viento.

Me pregunto qué sucederá
cuando estemos demasiado cansados de mirar
y, de tanto esperar, ya no sepamos caminar.
Me pregunto si quiero seguir siendo ceniza
y sólo acierto a responder:
pues venga, ¡otra vez!

martes, 4 de octubre de 2016

Amores de Novela

Quisimos vengar la ilusión
-tantas veces derrotada
y ya dada por muerta-
entrelazando nuestras manos
en pos de un horizonte
de luz y de azúcar.

Nos acercamos al precipicio
ávidos de volar sin alas,
de vivir sin dueños,
y saltamos.

Aprendimos a dormir sin sueño,
a cantar sin ganas
y a comer sin hambre,
a besar insípido y lento
sólo por parecernos a ellos.

Pero no,
nosotros no podemos morir sin duelo,
no sabemos soñar sin miedo.

Nosotros sangramos.
Nosotros no somos metáfora,
pero sí sabemos despeñarnos,
gritando o en silencio,
reticentes o anhelantes,
acabados.

Venganza sólo es otra palabra,
vacía y manida,
que se perderá
como el aliento que exhala estos versos. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

El mundo bajo el mar

Braceas entre la muchedumbre
buscando un sitio que permita respirar
y no encuentras más que alambre.
Y el abismo.

Cada instante es un juicio,
y solo es cuestión de tiempo
sacar en suerte ser culpable.
Y la pena siempre es capital.

Nadie nos enseñó funambulismo
y nos marean las alturas.

El camino no existe más allá
de aquí,
de ahora,
nuestras huellas se pierden
y las palabras se secan
en el cielo del paladar,
insípidas.

Las metáforas son también disfraz
de un amor infatigable
por seguir buscando el mundo
bajo el mar,
intoxicados por cantos de cisne y de sirena,
absurdamente dispuestos al naufragio.

Cierra los ojos gritando
¡Gerónimo!
y decide avanzar otro paso
aún perseguido por unas dudas
que enseñan los dientes,
que exhiben sus fauces.

Vivir es cosa de locos y valientes.

martes, 29 de septiembre de 2015

Matemáticas para dummies

Nunca fui bueno en matemáticas,
quizá por eso
no entiendo la distancia absurda
que separa dos líneas paralelas,
condenadas a mirarse y no rozarse.

No aprendí a despejar incógnitas,
aprendí a conservarlas,
a cuidarlas y verlas medrar
al abrigo de las certezas y los vendavales.

Uno y uno no siempre suman dos,
decía don César por motivos oscuros
y vete tú a saber si personales.
Yo eso sí lo entiendo.

No salí a buscarte.
No supe averiguar
a qué hora,
en qué lugar,
por qué camino,
en qué momento,
la vida cruzaría
tu moto y mi destino.  

La combinatoria nos es desfavorable
y acudimos a la enésima metáfora
suplicando otro motivo,
solo un axioma.

En la estación de lejanías
el tren que salía esta noche,
a las 23:50,
partió puntual,
y sin mí.

En el anden yacen mis dudas,
maldiciendo su vergüenza,
contando con los dedos hasta diez
más uno si asumimos la tristeza.

No, fue la poesía la que ganó la batalla,
no la geometría, no el álgebra,
por eso no entiendo de distancias
más allá de un silencio que se quiebra
si fluye la sangre del pecho a la garganta
y desbordan las huestes del sueño,
ávidas de permanencia.


Yo sigo aquí. Etéreo y elocuente.
Mirando unas manos propias
pero ajenas.

viernes, 28 de agosto de 2015

Un hombre sin mujer

“Un buen día, de repente, te conviertes
en un hombre sin mujer”
Haruki Murakami



Las últimas luces de la noche apagan,
al son de los despertadores,
los sueños frágiles que sueñan
en silencio los insomnes.

Todo está bien. Todo fluye.
La luz inunda con su ruido la realidad.
El traqueteo de la vida brilla
y reparte suerte.
La poesía se esconde.

Abrir los ojos duele,
y ciega.
El amor no eran solo cuatro letras,
ni amar una metáfora.

La ventana abierta refleja el vacío
de un futuro inexorable,
pero invita a volar, invita a buscarte.

Por las calles de tu ausencia
los transeúntes divagan
y escriben historias
de hombres de hierro que vencen al tiempo
y mujeres de fuego que forjan el hierro.

Yo tengo el viento que agita tu recuerdo
como la bandera de una patria soñada,
de una tierra prometida.