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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Inadaptados, miserables y desertores

Anochece y yo amanezco
aún aturdido
por los estertores de la tarde,
intravenoso,
cáustico,
empedernido.

Los silencios magnifican
los trágicos galimatías
domésticos
que se escudan 
tras las ventanas pálidas
o incandescentes.

El mundo respira.
La luna despereza a los inadaptados,
a los miserables
y a los cobardes desertores
que rehúyen el combate.

Todos los gatos se saben pardos
y maúllan a coro,
y sin miedo.

Los jueces se encierran
para defender su buen juicio
tras un parapeto
de elegante intolerancia,
y juzgan.
Juzgan y sojuzgan.

La policía patrulla
las calles bien iluminadas
para imponer una ley
que nadie conoce
y nadie respeta.

La vida –el amor-  se hace –y se deshace-
en cada esquina,
en lo oscuro,
y germina.
Amanece, y yo anochezco.

domingo, 20 de enero de 2013

Pérdidas


He perdido la esperanza.
Demasiadas heridas abiertas supurando tiempo,
sin visos de transfusión.

He perdido la paciencia.
La sangre roja, el corazón rojo, el alma roja…
apenas olvidos de un recuerdo.

He perdido la razón.
Un brindis al sol en este tiempo de galernas,
el leitmotiv del faquir.

He perdido la conciencia.
Una noche, al doblar una esquina cualquiera,
me volví y no estaba ahí.

He perdido el amor.
En su lugar, un galimatías de palabras sordas,
un eco, un estertor.

Ya solo mi sombra me acompaña,
irónica y trágica, como yo,
desnudos en el campo de batalla,
transidos de rabia y de dolor,
ambos esperando la muerte.