Mostrando entradas con la etiqueta Arantxa Buján Márquez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arantxa Buján Márquez. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de diciembre de 2019

Todos los colores

Blanco, como las páginas
de una vida que no promete nada,
que no engaña,
que se hace y se deshace
y se entreteje.
Verde, 
como esta tierra que amamanta
y nutre almas tormentosas,
grises y melancólicas.
Azul como los días laborables,
que se suceden
y no suceden,
parcos en hostilidades.
Amarillo por doquier,
para impostar una sonrisa.
Negros los pensamientos
que también florecen
cuando respirar es inercia
y no se paren versos
que merezcan la pena.
Cuando descubro un océano
entre tu vera y mi vera.
Rojo como los atardeceres
que incendian los vuelos compartidos
de aves peregrinas,
amantes del amor en el camino.
Rosa que me regalas a cuentagotas
y bendice el altar de un deseo
que sabe sanar,
que sana.
Violeta, cuando florezco.
Te quiero.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Whiskey & chocolate

Nada ocurre cuando todo ocurre.
El viento calla,
la lluvia se destierra
y apenas importa.
Mi mano reposa en tu seno
y el mundo entero se estremece.
Abro al fin los ojos
y no veo más verdad que tu silencio
y sus gemidos.
Me pierdo y me recobro.
Respiro.
Presiento.
Invoco.
El tiempo se hace y se deshace
al ritmo de caricias
de whiskey y chocolate,
y multiplica los orgasmos.
Los cuerpos se diluyen
y se hacen mármol
que eterniza el amor.
Un amor improbable y vivo.

sábado, 15 de julio de 2017

Volar contigo



Se enciende una luz
y pronto las sombras se pueblan
de palabras que emergen,
surgen y surcan.

Mis manos te buscan
y la certeza de encontrarte
ata los sentidos
a un mundo que sí es para mí.

Te rozo e intuyo el amor,
los que quisieron ser y no fueron,
el que es y se impone,
presagiando el que será.

Un amor que huele a limpio
y sabe a nuevo.

A tientas te observo
mientras duermes y sueñas
que observo tus sueños
de amores y tormentas.

Y poco a poco te quiero.

Un poco por las risas
que explotan en el aire
y germinan,
y van ensordeciendo un mundo
que agoniza en su fracaso.

Un poco por los besos,
las babas y los versos
que se instalan,
como puentes que acercan,
como miles de alas.

Un poco por unicornio,
y un poco porque quiero.

Descubro tu piel dibujada
y recorro tus historias
con la boca bien abierta
y un alma tosca enajenada.

Tu norte y tu jardín,
tu corazón lleno de pájaros,
que nacen y mueren y se incendian
para volver a resurgir,
preñados de palabras,
de cantos de sirena
que no te dejan naufragar,
y tu amor en vena.

Que otros escriban para perdurar,
yo escribo para volar.
Yo vuelo para ti.
Y vuelo contigo.
Y no sé aterrizar.

sábado, 17 de junio de 2017

Apenas a penas


“Apenas nada, un segundo nada más. Puede que un instante eterno en mi retina, pero algo insignificante para el mundo.

Apenas nada, una mirada furtiva. Puede que un roce espontáneo al que no haya que dar importancia.

Apenas nada, un monosílabo pronunciado sin intención. Puede que un susurro que nadie es capaz de escuchar.

Apenas nada, un encuentro fortuito en cualquier calle. Puede que una decisión tomada casi sin pensar.

Apenas nada, un café rápido. Puede que una conversación estúpida para aligerar el día que acaba.

Apenas nada, una sonrisa silenciosa. Puede que un chiste sin gracia para los demás. Algo pequeño que se podría pasar por alto. Una simple casualidad de tantas. Algo que no esperas y puede cambiar tu rumbo.

A penas, nada... a alegrías, todo.”

Eso fue lo último que me dijo, con una lágrima ardiendo su mejilla.
¿Cómo fue que la perdí?
Apenas un instante antes ella brillaba para mí,
y de repente, como todo en la vida, se apagó.
Se apagaron las farolas que alumbraban el camino,
dejándome perdido, partido, en ciernes.
Se borraron todos los recuerdos que habían de ser y no habían sido.
Se inundaron todos los atajos que intuían un destino.
Se detuvo el tiempo.
Y yo.
Y mi hilo.
Descarrilaron todos los trenes esa madrugada,
incluso los que conducían a ninguna parte,
y yo me descubrí solo,
sin equipaje,
sin sueños,
sin nada.
La vi marcharse,
con su ilusión y su alegría,
y todas mis ganas.

Texto entrecomillado por cortesía de Arantxa Buján Márquez.


lunes, 29 de mayo de 2017

UNA MAÑANA / UNA MAÑANA

[Texto armado/amado a dos manos con absoluta libertad, incansable regocijo y algo más que cariño sincero. Es un placer escribir cuando las palabras significan más que las palabras. Es un placer vivir cuando el aire huele a libertad. Es un placer soñar cuando no importa despertar. Disfrutémoslo.]

Las olas vienen y van, rompen todo a su antojo. Y no puedes prever lo que va a pasar.
La marea deja revuelto el fondo, tú no puedes respirar. Y la sensación de ahogo no te asusta, eso es lo que más miedo te da.

Te dejas llevar. Te dejas hacer. Nada puede ir ya a peor. De repente, una flor. La primavera. Nadie sabe cuando llega. No hay profecía que anuncie la primavera. Ni Guardia de la Mañana. Pero sucede. También a ti. Y, aunque sea un sueño, no es un sueño. Aunque sea mentira es Aletheia. La verdad más pura en vena. Una sobredosis de vida. Da vértigo, pero quieres otro chute.

Sin embargo, sabes que no es gratis. No será fácil volver a disfrutar del sol, del olor de las flores, del frío aliento del mar en tu cuerpo.
Tendrás que arriesgar la piel, tendrás que asomarte al abismo y resistirte a saltar, cuando de lo único que tienes ganas es de volar.
Tendrás que abrir de nuevo tu pecho y dejar que entre la luz, cuando tu corazón se había acostumbrado ya a la oscuridad.
Es tan sencillo dejarse llevar, no pensar, cerrar los ojos y dejar de respirar…

Te miras al espejo y descubres que habías olvidado dudar. Sonríes. El espejo está de buen humor últimamente. Dudas. Sonríes. Mecánicamente. La vida ya no huele tan mal, al fin y al cabo. Buen provecho, te dices. Y sonríes.
La inercia se ha ido. El deseo conquista el campo de batalla. La guerra nunca termina. Es momento de alzar nuestras copas y brindar sin mesura bajo el sol y la luna. Sonríes. Dudas. Vives.

Vives las dudas como si fueran verdad.
Y te dicen que sonrías, que todo pasa, que todo llega. Y les tienes que creer, porque la alternativa no es mejor. ¿O sí?
Y de pronto una mañana la duda ya no existe, la sonrisa no es forzada, las lágrimas hace días que no asoman.
Y esa mañana lo tienes todo claro. Sabes lo que has de hacer, sabes cuándo y a dónde has de ir. Sabes cómo tiene que ser el final.
¿Te vas a atrever? ¿Por fin vas a acabar con todo? ¿O, como siempre, en el último instante, vas a negarte la oportunidad?

De cualquier manera hay que comer. A regañadientes te vistes el uniforme de vivir y abandonas por un instante que sabe a eternidad el sueño inesperado que acabas de descubrir. Dejas el filo del abismo pensando que seguirá ahí cuando puedas volver, que ojalá siga, que tiene que seguir. Y dejas que el ritual se repita. Y comienzas a amar su liturgia. Después de todo, vivir es vivir.

Y cuando por fin te decides, vivir cobra un nuevo significado. Ya no es sólo respirar, comer y dormir.
De repente vivir también es soñar, oler, reír, jugar y bailar.
Los latidos de tu corazón ya no suenan mecánicos, suben y bajan, golpean en tu pecho de forma inesperada y descontrolada.
Tus ojos descubren una nueva realidad, más brillante, más colorida, más fácil de tragar.
Tu piel ya no se encoge con el frío del viento, lo disfruta. Descubres también el calor del sol. La piel de gallina surge a cada poco y ya no es tu enemiga.
Y de repente, vivir ya no cuesta, ya no pesa. Descubres lo que puede ser la felicidad.

Antes, una palabra tan hueca como tu pecho. Ahora, tan llena como tu pecho. Ironías del destino, ironías del carácter. Después de todo, ¿qué importa el mundo cuando de veras el mundo importa?
Sientes la vida recorrerte e inundarte. La piel vuelve a estar ahí, dispuesta; el estómago ávido y nervioso; las manos, interrogantes. Los ojos más abiertos que nunca incluso cuando los cierras en cada beso que hurtas a la cordura. ¡Viva esta locura! ¡Viva la vida!
No lamentas. No lloras (salvo en el cine). No preguntas. Ya no buscas soluciones ni conspiras en silencio contra Fortuna, neciamente. Das un paso. Respiras. Das otro paso. Sonríes. Uno más. Y sí. Quizá tropiezas. Quizá caes. Quizá. Pero sonríes. Al fin sabes. Te levantas, y vuelta a empezar.


por Arantxa Buján Márquez

y Álvaro Montoya Rodríguez

miércoles, 24 de agosto de 2016

Él / Ella

Escúchame pulsando aquí.

Hoy la he vuelto a ver.
A la misma hora,
en el mismo lugar,
sobreviviéndose a sí misma,
desentendiéndose de un mundo
que, a pesar de ella, agoniza.

Ella permanece,
ajena a mis palabras,
a mis sueños y a mis desvelos,
y, en ocasiones, sonríe
para que el sentido
haga un escorzo
revelando un matiz inesperado,
prohibido.

Yo la observo,
como un voyeur empedernido
atenazado por su propio deseo,
siempre inconfesable,
aterrado.

Hay besos tristes
besos que contienes,
besos que te guardas,
a regañadientes,
y casi se te escapan,
pero no,
pienso para ella,
recreándome en su lengua.

Y ella, permanece.

[…]

Hoy vuelvo al mismo lugar que ayer, con la débil esperanza de verlo. Con la esperanza de ser su paisaje, su aliento.
Y ahí está él, como siempre, como nunca, callado.
A lo lejos me observa y escribe, sin atreverse a leerme, esperando adivinar mis pensamientos.
Lo veo y creo conocerlo, aún sin saber exactamente qué espera o qué piensa. Creo conocer  sus sueños y desvelos, sus demonios y anhelos, sus días malos y buenos. Pero no, es una fantasía...
La distancia es engañosa, pues a pesar de existir, puedo sentirlo, casi lo huelo. A pesar de la distancia puedo verlo frente a mí, vestido con su armadura, tan parecidos al final, tan nuestros.
Hay besos que te queman en la boca, que te explotan en el pecho, que viven en tu mente, que no se llegan a dar, besos que calientan el cuerpo.

Él no sabe todo esto, o quizá lo intuye, y por eso permanece en el tiempo.

[Escrito a dos manos. Siempre rodeado de maravillosas voces. Gracias Arantxa Buján Márquez por tu aliento y tus palabras.]