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martes, 24 de diciembre de 2019

Todos los colores

Blanco, como las páginas
de una vida que no promete nada,
que no engaña,
que se hace y se deshace
y se entreteje.
Verde, 
como esta tierra que amamanta
y nutre almas tormentosas,
grises y melancólicas.
Azul como los días laborables,
que se suceden
y no suceden,
parcos en hostilidades.
Amarillo por doquier,
para impostar una sonrisa.
Negros los pensamientos
que también florecen
cuando respirar es inercia
y no se paren versos
que merezcan la pena.
Cuando descubro un océano
entre tu vera y mi vera.
Rojo como los atardeceres
que incendian los vuelos compartidos
de aves peregrinas,
amantes del amor en el camino.
Rosa que me regalas a cuentagotas
y bendice el altar de un deseo
que sabe sanar,
que sana.
Violeta, cuando florezco.
Te quiero.

viernes, 7 de abril de 2017

Rojo sobre blanco




Negro sobre blanco es historia,
la mentira que ensombrece el alma
de un don nadie
que se atreve a respirar
inconsciente
y desarmado.

Los vendedores de astucia
permanecen ensimismados
y olvidan recordar el precio
-prohibitivo-
de una felicidad verdadera,
que no huela a coche nuevo
ni a incienso barato.

El amor se desparrama,
se cuela por los intersticios
de los sueños más amargos
y hace retoñar una esperanza
intempestiva, irracional,
omnívora.

La luz se rebela y huye,
una vez más,
y sólo nos queda buscar candiles
para no naufragar
en este viaje estéril.

Yo no sé seguir estrellas
ni baldosas amarillas,
pero canto cada día,
y desafino.

Rojo sobre blanco es metáfora
incandescente
y reverberante
de un fracaso que se atreve,
que es,
y que brilla.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La revolución



El primer obús cayó como un relámpago,
incendiando un aire inmune al sonido,
condensando todo el odio en un átomo
colosal y fratricida, semilla de olvido.
Los tibios huyeron como ratas,
anegando los desagües,
emponzoñando aguas y estanques,
enarbolando sábanas blancas.
Los fieles, de rodillas, imploraron,
cantaron himnos vacíos,
confesaron todos sus vicios,
ofrecieron sus cadenas y candados.
Los parias siempre alimentando el desamparo.
Los héroes, enterrados.

Los revolucionarios siempre vencen,
se apropian de la verdad y su doctrina,
violan, matan, sangran, ennegrecen
y se ungen salvadores de patrias asesinas.
Salen a cazar muertos cuando anochece,
con sus camisas a juego,
con sus dientes de leche,
inspirando terror y cagados de miedo.
Y los muertos conspiran,
planean su venganza de don mendo,
sueñan con reencuentros homicidas
predicando con su ejemplo.
Los poetas, hastiados, callan mientras tanto,
haciendo gala de su eterna cobardía.

martes, 20 de agosto de 2013

Thelma


Pincha aquí para escuchar el poema

Entonces tomas una curva y te despeñas,
olvidas los números de teléfono,
las caricias tempestivas e intempestivas,
los sueños que crecen al albur del insomnio.

La vida cercenada en un instante,
sin aviso previo,
como un parpadeo eterno,
un fundido a negro.

No hay tiempo siquiera para el adiós,
cualquier palabra sería un insulto,
y tampoco el alarido se postula
como una solución a los problemas.

Solo quizá sonreír con ironía
y aceptar el vacío que se impone,
amar por un instante el precipicio
y dejarse llevar por la inercia.