Mostrando entradas con la etiqueta sirena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sirena. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de agosto de 2017

Soñando sirenas


Las luces se encendieron,
de repente,
cuando aprendía ya a ser
un bala perdida,
un ojo tuerto,
un tren que descarrila,
el sueño obrero,
otro joven suicida.

Los mapas ofrecieron,
entonces,
sus tesoros escondidos,
sus secretos más tenaces,
lugares de destino
que son sólo carácter
vestidos de extranjera
que no sabe volar
pero que vuela.

Los claros clarines abren las puertas
y la música se adueña,
ahora,
de todos los silencios surcados,
de todas las velas henchidas
de palabras que saben ser abrazo
y olvidan la poesía.

No sabemos gozar
pero gozamos a sabiendas
de que no somos eternos
para que nos duela menos
aceptar la ciencia cierta:
el amor es la mar.

Aceptamos los naufragios
como condición sine qua non
pero miramos el horizonte,
y soñamos.

domingo, 9 de julio de 2017

Hacemos el amor


Los días grises no oscurecen
cuando amanezco a tu lado
y los malos presagios se esfuman,
a merced de un tiempo pasajero
y sin destino.

Y hacemos el amor.

Pago el precio de mi silencio
con saliva derramada por tu espalda
que, como un río de deseo,
fluye y converge en tu vientre
y explota,
sin metáforas que amamanten.

Y hacemos el amor.

Imagino los colores fragantes
de un jardín que se impone
y no cesa,
como un rayo intuido a duras penas
que celebra de nuevo la vida.

Y hacemos el amor.

Bendigo esta música de fondo
que alimenta sueños olvidados
que florecen intempestivos
y bien hallados
cuando todos los abismos cobran sentido.

Y hacemos el amor.

Navego tus mareas
y en tus puertos me hago hombre
marinero de aguas turbias y galernas,
escucho tus cantos de sirena
dispuesto a dejarme devorar,
ajeno a cuentos infantiles.

Y hacemos el amor.

jueves, 3 de julio de 2014

Los jardines

Los jardines son siempre fragantes,
descubres de pronto una rosa y es la rosa,
más allá despunta un pensamiento
y no cabe evitar el narciso que se atisba.
El jazmín y el azahar se derraman
nutriendo nidos de amor por dondequiera.

Los jardines siempre esconden huertos,
lugares propicios al amor,
ese engaño,
donde se teje la vida,
esa novela,
donde perece la conciencia
y se firma el armisticio.

Los jardines suelen tener su laberinto,
esquinas que doblas y no,
algún recoveco muy negro
con su estatua de ángel caído y tu rostro,
cantos de sirena,
un lago de cisnes asesinos
y un minotauro,
en algún punto,
esperando tu venida.
Jamás una salida.

Los jardines, como todo,
dependen de su jardinero.