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sábado, 7 de enero de 2017

Conversación íntima

“Oler tu piel. Saborear tu lengua. Tocar tu corazón.
Acariciar tu pelo. Conocer tus cicatrices. Disfrutar tu risa.
Besar tu mirada. Arañar tu espalda. Morder tu alma.
Anhelar tus palabras. Escuchar tu respiración. Sentir tu calor.
Cabalgar tu fuego. Absorber tu dulzura. Descubrir tu ser. 
Hacerte el amor. Hacernos el uno al otro. Hablar sin palabras.
Reírnos de lo absurdo. Correr hacia delante. Iluminar con nuestra luz las estrellas.
Bailar, vivir, follar. Sin daños, sin matices, con ganas.
El amor es inexplicable, me dijiste un día. La explicación es el amor, te respondo una noche.”

[Texto original de Arantxa Buján Márquez]

Y te puedo yo decir,
ahora que la noche sobrevive
al absurdo
y a la pesadilla,
que no lamento los años.

Las esquinas mal dobladas están ahí,
las mañanas de pie izquierdo,
las piedras del camino,
sonriendo,
los tropiezos,
los fracasos,
los lamentos…

todo lleva a ti.

De repente la luna
que ilumina una tormenta
que se ofrece tempestiva
y germinal…

porque todo cambia si tú cambias.

Sí.
Hoy sí.
Sí a hacer un amor que sepa a amor,
sí a la palabra que permanece,
que no se dobla,
sí a tu sexo y tu silencio,
a tu luz y a sus desvelos.
Absolutamente sí.

No te vayas esta noche,
ni esta vida miserable
que, sin embargo,
empieza a latir.

  

domingo, 6 de marzo de 2016

Veinte años...



A mis alumnos... 

Lloverá sobre tus pasos
y mis pasos,
nuestras huellas serán
estelas apenas,
imposibles de seguir
o soñar.

Pasarán los años
como trenes desbocados
y no veremos llegar
las palabras que nos hacen,
que se instalan,
que se clavan.

Vendrá nuevo el amor,
con su embrión de dudas,
a crear castillos de naipes,
futuros perfectos
flotando en el aire,
y no diremos que no.

Vendrán la muerte,
el hastío,
la soledad,
y harán de nosotros tormenta
sin visos de amainar.

Y sin embargo todo fluye
y permanece,
a pesar de nuestros egos infantiles.

Recuerda,
no pudimos ser mejores,
pero podemos ser mejores.

Pasará mi tiempo
y seré nomás una voz lejana
y antigua
que te habita,
recóndita.

Una voz que te invite a fracasar,
una vez más.

Veinte años...



A mis alumnos... 

Lloverá sobre tus pasos
y mis pasos,
nuestras huellas serán
estelas apenas,
imposibles de seguir
o soñar.

Pasarán los años
como trenes desbocados
y no veremos llegar
las palabras que nos hacen,
que se instalan,
que se clavan.

Vendrá nuevo el amor,
con su embrión de dudas,
a crear castillos de naipes,
futuros perfectos
flotando en el aire,
y no diremos que no.

Vendrán la muerte,
el hastío,
la soledad,
y harán de nosotros tormenta
sin visos de amainar.

Y sin embargo todo fluye
y permanece,
a pesar de nuestros egos infantiles.

Recuerda,
no pudimos ser mejores,
pero podemos ser mejores.

Pasará mi tiempo
y seré nomás una voz lejana
y antigua
que te habita,
recóndita.

Una voz que te invite a fracasar,
una vez más.

miércoles, 4 de febrero de 2015

El torrente

La lluvia comienza dubitativa,
apenas unas gotas tenues se atreven a caer,
danzando con el viento,
y a besar la tierra,
a hacer el amor con un suelo anhelante de humedad.

El mundo se ruboriza y estremece
al tacto de cada caricia,
se hincha y se enternece.

Florecen los campos,
florecen las ciudades,
los abrevaderos se llenan
de corazones que laten,
de corazones que bullen
sin miedo y sin equipaje.

La lluvia riega.
Pero la lluvia anega.

El deshielo de los sueños
siempre llega demasiado pronto,
a deshora.
Una gota y otra gota no hacen dos gotas,
hacen cascada y hacen torrente.
Y el torrente ruge rabioso
y se lanza violento hacia el abismo
enarbolando su naturaleza suicida
y arrasando al paso,
como si nada importara
salvo un espejo maldito
que siempre refleja la muerte.

Fuimos hijos de la tempestad
y la tormenta,
apenas agua que llueve,
dice que vuela,
sueña el amor,
e invariablemente se estrella.

Fuimos, somos, seremos torrente.