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jueves, 28 de diciembre de 2017

Gerónimo

Me acerco a tu cuerpo sigiloso,
como una fiera
que saborea ya
los cálidos jugos de su presa,
embargada por el dulce aroma
del instante fugaz
que se derrama por mi boca.
Estás ahí.
Mi lengua te intuye,
mi boca te invoca,
mis manos te urden.
Felina, desarmada, me recibes
y todas las palabras,
parapetos inservibles,
se me antojan superfluas.
De todos modos, vivimos para morir.
Gerónimo.
Si ganar es perder, perdamos.
Perdamos a tumba abierta,
perdamos a cara descubierta.

sábado, 28 de enero de 2017

La aventura de ser Yo



Uno es. A veces simplemente uno es, sí, pero… ¿qué? ¿Un breve espacio de tiempo? ¿Un cuerpo? ¿Un alma? ¿Un cuerpo y un alma? Y quizás dé igual.

Van pasando los años que se disfrazan con caras de alumnos que poco a poco caducan y se pierden tras sus trajes de hombres y mujeres de provecho. Como el mío.

¿Cuántas Paula, Óscar, María? ¿Cuántos gritos y decepciones? ¿Cuántas alegrías y carcajadas? Ya he perdido la cuenta.

¿Sirve de algo esta brecha, este filo de la navaja que corta y desangra?

Ser pregunta. Ser pregunta es la respuesta, y la respuesta es la nada.

Vuestras caras estupefactas me indican, ahora, que es difícil de entender. Acaso imposible. Es cierto. Os pido que me habléis de vosotros, de quiénes sois, de vuestros sueños y vuestras pesadillas, de vuestros deseos, y yo, sin embargo, permanezco en la indefinición, equidistante.

Y no puede ser.

Soy la palabra que blando, el deseo que impregno, el aire que exhalo.

Mírame y dime: ¿es cierta mi sonrisa? ¿Ves amor? ¿Y humor? Todo está ahí, esperando por tu mirada y tus ansias de saber. Mis ganas son tus ganas. Aprendo cuando aprendes y cuando olvidas muero. Ese es mi sino. Esa mi condena.

Además, escribo versos que cuentan la vida, la propia, la ajena. Y los vendo al peso.


Cuando me mires no dudes, no sufras, no sientas compasión de mi loco empeño, soy un hombre que escribe sin tinta en tu alma sus sueños.

sábado, 22 de octubre de 2016

Del deseo

Busco la memoria de tu cuerpo,
apenas vislumbrado en las orillas
de una consciencia traidora,
empeñada en desdibujar los contornos
de un deseo mayúsculo
y minúsculo.
Juego a inventarte desnuda,
a mordisquear los anhelos
que esperan por tu ropa,
en el suelo,
a los pies de mi cama
y mis pecados.
Viajo impenitente ávido de saber,
buscando un cuerpo que no envenene,
que recoja y siembre
versos y besos
que sepan perdonar mi osadía.
(¿Qué nos vamos a contar acerca del deseo?)

miércoles, 24 de agosto de 2016

Él / Ella

Escúchame pulsando aquí.

Hoy la he vuelto a ver.
A la misma hora,
en el mismo lugar,
sobreviviéndose a sí misma,
desentendiéndose de un mundo
que, a pesar de ella, agoniza.

Ella permanece,
ajena a mis palabras,
a mis sueños y a mis desvelos,
y, en ocasiones, sonríe
para que el sentido
haga un escorzo
revelando un matiz inesperado,
prohibido.

Yo la observo,
como un voyeur empedernido
atenazado por su propio deseo,
siempre inconfesable,
aterrado.

Hay besos tristes
besos que contienes,
besos que te guardas,
a regañadientes,
y casi se te escapan,
pero no,
pienso para ella,
recreándome en su lengua.

Y ella, permanece.

[…]

Hoy vuelvo al mismo lugar que ayer, con la débil esperanza de verlo. Con la esperanza de ser su paisaje, su aliento.
Y ahí está él, como siempre, como nunca, callado.
A lo lejos me observa y escribe, sin atreverse a leerme, esperando adivinar mis pensamientos.
Lo veo y creo conocerlo, aún sin saber exactamente qué espera o qué piensa. Creo conocer  sus sueños y desvelos, sus demonios y anhelos, sus días malos y buenos. Pero no, es una fantasía...
La distancia es engañosa, pues a pesar de existir, puedo sentirlo, casi lo huelo. A pesar de la distancia puedo verlo frente a mí, vestido con su armadura, tan parecidos al final, tan nuestros.
Hay besos que te queman en la boca, que te explotan en el pecho, que viven en tu mente, que no se llegan a dar, besos que calientan el cuerpo.

Él no sabe todo esto, o quizá lo intuye, y por eso permanece en el tiempo.

[Escrito a dos manos. Siempre rodeado de maravillosas voces. Gracias Arantxa Buján Márquez por tu aliento y tus palabras.]

domingo, 20 de diciembre de 2015

Jovencito Frankenstein

Inventarse un motivo para volver a coser el alma
al cuerpo
y no rendirse al desamparo
de un fracaso que redime
es nuestro pan de cada día,
nuestro
dánosle hoy.

¿Has visto Jovencito Frankenstein?
Todos somos un poco monstruos,
incapaces de ternura,
manantiales de ternura.
Una absurda paradoja.

Menudo par de aldabas,
y no huyo a la sonrisa
que dibuja tu sonrisa.

Remendamos nuestros sueños paso a paso,
en las noches que solo ofrecen recuerdos
tenues,
alambicados,
sin lumbre.
Rellenamos los vacíos de palabras
que siempre siempre son traición,
que son suicidio.
Oreamos la angustia.

Los parches tapan agujeros
por los que se te escapa la vida
y se escapa el tiempo,
mientras seguimos adelante,
más serenos y conscientes.
Hechos jirones.

La turba observa,
ávida de sangre,
dispuesta al canibalismo.

El corazón no está de moda,
piensa la bestia
ensayando una sonrisa
que solo puede ser llanto.

Y todos los relojes anuncian la muerte.