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sábado, 15 de julio de 2017

Volar contigo



Se enciende una luz
y pronto las sombras se pueblan
de palabras que emergen,
surgen y surcan.

Mis manos te buscan
y la certeza de encontrarte
ata los sentidos
a un mundo que sí es para mí.

Te rozo e intuyo el amor,
los que quisieron ser y no fueron,
el que es y se impone,
presagiando el que será.

Un amor que huele a limpio
y sabe a nuevo.

A tientas te observo
mientras duermes y sueñas
que observo tus sueños
de amores y tormentas.

Y poco a poco te quiero.

Un poco por las risas
que explotan en el aire
y germinan,
y van ensordeciendo un mundo
que agoniza en su fracaso.

Un poco por los besos,
las babas y los versos
que se instalan,
como puentes que acercan,
como miles de alas.

Un poco por unicornio,
y un poco porque quiero.

Descubro tu piel dibujada
y recorro tus historias
con la boca bien abierta
y un alma tosca enajenada.

Tu norte y tu jardín,
tu corazón lleno de pájaros,
que nacen y mueren y se incendian
para volver a resurgir,
preñados de palabras,
de cantos de sirena
que no te dejan naufragar,
y tu amor en vena.

Que otros escriban para perdurar,
yo escribo para volar.
Yo vuelo para ti.
Y vuelo contigo.
Y no sé aterrizar.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Él / Ella

Escúchame pulsando aquí.

Hoy la he vuelto a ver.
A la misma hora,
en el mismo lugar,
sobreviviéndose a sí misma,
desentendiéndose de un mundo
que, a pesar de ella, agoniza.

Ella permanece,
ajena a mis palabras,
a mis sueños y a mis desvelos,
y, en ocasiones, sonríe
para que el sentido
haga un escorzo
revelando un matiz inesperado,
prohibido.

Yo la observo,
como un voyeur empedernido
atenazado por su propio deseo,
siempre inconfesable,
aterrado.

Hay besos tristes
besos que contienes,
besos que te guardas,
a regañadientes,
y casi se te escapan,
pero no,
pienso para ella,
recreándome en su lengua.

Y ella, permanece.

[…]

Hoy vuelvo al mismo lugar que ayer, con la débil esperanza de verlo. Con la esperanza de ser su paisaje, su aliento.
Y ahí está él, como siempre, como nunca, callado.
A lo lejos me observa y escribe, sin atreverse a leerme, esperando adivinar mis pensamientos.
Lo veo y creo conocerlo, aún sin saber exactamente qué espera o qué piensa. Creo conocer  sus sueños y desvelos, sus demonios y anhelos, sus días malos y buenos. Pero no, es una fantasía...
La distancia es engañosa, pues a pesar de existir, puedo sentirlo, casi lo huelo. A pesar de la distancia puedo verlo frente a mí, vestido con su armadura, tan parecidos al final, tan nuestros.
Hay besos que te queman en la boca, que te explotan en el pecho, que viven en tu mente, que no se llegan a dar, besos que calientan el cuerpo.

Él no sabe todo esto, o quizá lo intuye, y por eso permanece en el tiempo.

[Escrito a dos manos. Siempre rodeado de maravillosas voces. Gracias Arantxa Buján Márquez por tu aliento y tus palabras.]

sábado, 2 de marzo de 2013

Captatio benevolentiae

¿Quién se atreve al juicio?
¿Qué mano traidora y suicida lanzará la piedra primera?
Soy un hombre, vivo sin dios y sin bandera,
asumiendo en persona mis delitos.
No humillo el alma.
Duermo a pierna suelta en cualquier cama.

Sé que he de morir como Quijano,
abrazado a un sueño,
como un agosto de invierno,
imposible y sin embargo...

La culpa no atenaza mis entrañas,
todos los besos han sido de veras
a pesar de los pesares y las penas,
recibiré la piedra con la frente alta.


La culpa no atenaza mis entrañas,
todos los versos han sido de veras
a pesar de los pesares y las penas,
recibiré la piedra con la frente alta.

Si hay que morir, como parece,
mejor haber vivido.

lunes, 31 de diciembre de 2012

31 de diciembre


Los hombres —y las mujeres— se abrazan y se besan,
una vez y otra, como en un ritual extraño y sin sentido,
mirándose fijamente a los ojos, reconociéndose.
Las palabras huecas se ensanchan de esperanza
y entre beso y abrazo se escucha como un susurro
la misma frase perenne, “aún sigo aquí”.
Porque nada dura eternamente.

Yo observo y dejo hacer, desde los palcos.
Me siento intrigado a contemplar el júbilo
de la renovación periódica y demente
de un espacio de tiempo imaginado.
Y también la derrota dibujada en algunas miradas.
Y las lágrimas ausentes de los que no.
Y, a pesar de todo, sonrío.
Porque nada dura eternamente.

Y porque nada dura eternamente
yo propongo fundar la esperanza cada día,
multiplicar besos y sumar abrazos,
festejar cada centímetro, cada milímetro
de todos los metros inabarcables,
dejar los palcos e implicarse.
A pesar de la sospecha de la muerte.