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domingo, 20 de diciembre de 2015

Jovencito Frankenstein

Inventarse un motivo para volver a coser el alma
al cuerpo
y no rendirse al desamparo
de un fracaso que redime
es nuestro pan de cada día,
nuestro
dánosle hoy.

¿Has visto Jovencito Frankenstein?
Todos somos un poco monstruos,
incapaces de ternura,
manantiales de ternura.
Una absurda paradoja.

Menudo par de aldabas,
y no huyo a la sonrisa
que dibuja tu sonrisa.

Remendamos nuestros sueños paso a paso,
en las noches que solo ofrecen recuerdos
tenues,
alambicados,
sin lumbre.
Rellenamos los vacíos de palabras
que siempre siempre son traición,
que son suicidio.
Oreamos la angustia.

Los parches tapan agujeros
por los que se te escapa la vida
y se escapa el tiempo,
mientras seguimos adelante,
más serenos y conscientes.
Hechos jirones.

La turba observa,
ávida de sangre,
dispuesta al canibalismo.

El corazón no está de moda,
piensa la bestia
ensayando una sonrisa
que solo puede ser llanto.

Y todos los relojes anuncian la muerte.


martes, 15 de abril de 2014

Reconocimiento de la derrota

a Héctor, compañero de tantas batallas
Se han ido apagando las farolas
sin apenas percatarnos,
hemos perdido los santos y las señas,
y los sueños enlatados que soñamos.

Las facturas y fracturas nos acechan,
la bolsa o la vida, la ley del deseo,
saberse gigantes con pies de arena,
tunantes, aprendices de mortadelo.

Tú con tus historias y yo con mis cuentos,
ambos sin mordaza,
los dos quijotes sin remedio
dispuestos a la mancha
y la vergüenza.

Los tiempos nunca nos ofrecen una tregua
y este empeño de seguir siguiendo a pesar de todo
comienza a tener un olor a odisea,
sin ítaca de fondo,
sin dioses ni héroes,
sin más estrategia que seguir boqueando.

No sé qué somos ni sé qué fuimos,
perdimos la cuenta de tanta verdad inventada
a las puertas insomnes de un tremendo delirio,
enajenando miradas,
eludiendo respuestas.

No sé, tampoco, qué puertas nos aguardan,
qué monstruos habremos de ser,
cuántas veces nos negaremos mutuamente.

A pesar de todo,
para mi,
eres germinal en esta inhóspita existencia.

¡Pincha aquí si te apetece escucharme!

domingo, 29 de septiembre de 2013

Ángel custodio


…Tengo un apetito voraz…

Y yo te observo,
como un ángel custodio,
entre la admiración hambrienta
y el terror duermevela.
La lluvia y tu respiración
adormecen mis sentidos
pero inflaman una imaginación
acostumbrada al desamparo,
a disfrazarse de olvido,
a ser un mal presagio.

…¡Pólvora!…

Pronuncias las palabras con énfasis,
con los dientes y los puños apretados
y en tensión me crece la angustia
de una noche eterna que diluvia
y ofrenda pesadillas a mi sueño dorado.
Maldigo el insomnio que me obliga
a escuchar tus noches elocuentes
cuando intempestiva mascullas entre dientes
otro nombre, un sonido que asesina.
Después te das media vuelta,
a veces te beso, rozando apenas tu mejilla,
para no despertarte,
para pensarte tranquila,
y me entrego a mis monstruos.
¿Soportarás mi condición de suicida?