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domingo, 3 de marzo de 2019

Tigre

Tu cuento no termina mientras sigas respirando,
mientras sigas dibujando corazones en la arena
de una playa bañada por el sol,
de una noche alumbrada por la luna,
a sabiendas de que el tiempo llega siempre
implacable disfrazado de marea. 

Vivo aquí y vivo ahora,
no quiero saber de eternidades pasajeras,
no quiero probar amores para siempre,
no quiero nada,
nada salvo verte,
verte a salvo de endriagos y amadises,
verte libre, fuerte, valiente,
verte tigre,
verte cerca o verte lejos,
volando,
invencible.

Mi cuento es que sepas que respiro,
que a veces me pierdo
probando caminos,
que me siento extranjero impenitente
vagando por senderos
mil veces transitados,
pero nuevos.
Que respiro; que siento; que existo.

No te vistas de razones y argumentos,
mírate,
mírame,
y, si aún tienes valor, vuela y disfruta.

lunes, 28 de agosto de 2017

Canción del amante (y del amor)

A tiempo intuimos la verdad,
nunca es tarde para hacer el amor
y susurrar un tequiero clandestino
que ahogue los gritos de placer
que en ese mismo instante
inundan el mundo.
Nunca es pronto para hacer el amor
si sabe a amor y huele a amor,
a sudor y a yerbabuena.

Nuestras lágrimas quieren ser sal
que cure las heridas,
quieren ser mar,
torrente,
océano,
y volver a brotar,
volver a sangrar.

Si te amo soy amor.

Los colores se travisten,
rebelándose contra los sentidos,
y dibujan otro atardecer imposible.

Si te amo soy amor.

Es cierto,
nunca llueve eternamente,
y me niego a vivir para siempre
suenan a nosotros dos.

La luna nos ampara
y el sol nos alumbra,
¿soñaste algo mejor?

jueves, 8 de enero de 2015

El egoísta emocional

Déjame susurrar tu nombre,
ser sílaba y seducirte despacio,
como si el tiempo sobrase,
como si el tiempo no existiese.
Quiero saber. Necesito saber.
Tu mano, cuando toca, ¿qué siente?
¿Qué siente tu alma cuando tu mano,
tu mano loca, toca?
¿Qué te hace diferente?
Te observo beber sedienta de sed
y me pierdo en un desierto
poblado de espejismos,
descubriendo que el océano
cabe en una sola lágrima,
en una única y lúbrica lágrima.
El sol luce. El sol seca.
El agua ahoga y el agua riega.
Siempre es cuestión de tiempo,
un tiempo nunca nuestro,
apenas un instante de gloria,
efímero y pendenciero.
Quise ser tu hierro candente,
tu herramienta de placer,
tu mejor verso de amor,
tu gemido más ardiente,
porque el fuego no conoce el miedo.
Ahora solo sueño ser tus dedos.


viernes, 22 de agosto de 2014

Matar a blancanieves

Un pie.
Otro pie.
Es sencillo.
Basta alternarlos y el camino se hace,
a menudo errático,
en pos de no se sabe qué eldorado.

Escribirlo es un modo de vivirlo,
de inventar un código propio
que atenúe el desamparo
de una caída sin fin.
Mis ojos apenas distinguen colores sin asideros
y mi cuerpo rehúsa tomar parte en esta farsa.
Volar es imposible.

Descubrir que en ocasiones llueve bajo el sol
es matar a blancanieves,
es saberse loco de remate,
quevedo en ciernes,
elegir ser quijote, sin el don.