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sábado, 24 de octubre de 2015

Desaliento

Casi siempre te sonrío a pesar del dolor,
no hoy.
El tiempo hace de las suyas y dilata el espacio.
Ya nada se parece a nada,
todo es nuevo e incierto.

Las rutinas boquean entre estertores
mientras aprendemos a no soñar en voz alta,
a derribar los muros de la comprensión
y aceptar la locura como condición necesaria
para una existencia que pueda decir algo
que merezca ser escuchado.

A veces supimos querernos.
A veces no.

El polvo acumulado ahoga cuando sopla el viento
y se anuda terco en la garganta
que calla quedamente mis tequiero clandestinos.

Toda la arena de este desierto sin oasis
se escurre inexorable hacia la nada,
una nada que envilece.

El poema mismo se diluye
a medida que el recuerdo vívido
toma la palabra y se emancipa
reclamando su parte del pastel,
ejerciendo su amarga tiranía.

Esta lágrima también es amor
que se seca en la alfombra,
esperando una esperanza.

domingo, 3 de agosto de 2014

Vomitar la tristeza

Hay quien dice que escribo triste,
que siempre parezco al borde del suicidio en mis poemas,
que soy alérgico a la esperanza.

Puede.
Quizá sea cierto.
Mis palabras probablemente son insanas,
un alarido constante,
el terror que llega tras la curiosidad,
el apabullante desamparo,
la continua y adorada intrascendencia:

dios no es más que otra palabra.

Al fin y al cabo solo cabe engañar al tiempo,
que ni se gana ni se pierde,
y consagrarse a la inutilidad.

Con pasión acaricio otras manos
a pesar de la soledad,
acepto la traición
como condición sine qua non,
y vivo,
a pesar de todo.

Si vomito la tristeza,
no te aflijas,
solo es un hechizo,
un estertor en verso,
un modo,
como otro cualquiera,
de conjurar la sonrisa,
siempre irónica y terca.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Morir vivo

¿Has sondeado tus abismos?
Yo malgasté mi alegre primavera,
la edad de los sueños germinales,
en juegos de azar dónde la banca siempre gana:
perdí el nombre, la palabra y la memoria;
y la vergüenza, apostando a doble o nada.

¿Has conocido tus demonios?
La noche no dura eternamente,
los ojos que iluminan los futuros más negros
también terminan por apagarse
cuando la mañana irrumpe con su olor a rutina
y los barrenderos ocultan los cadáveres.

¿Aún conservas el aliento?
Digan lo que digan respirar es un lujo,
lo sabe quien se ha jugado el cuello,
y lo ha perdido:
cada bocanada es un estertor triunfante,
un beso en los labios del olvido.

Ni me alimenta perenne la victoria
ni en la derrota fundo mis anhelos,
benditos los que viven muertos,
yo prefiero morir vivo.