sábado, 24 de mayo de 2014

Impasse

Hay un tiempo de minutos detenidos,
como un impasse que se nutre de esperanza,
de mis ganas y del aire que respiro.
Cuando llega me refugio entre palabras
que crecen machaconas e incesantes,
golpeando sin piedad cada razón,
negando en cada verso mis bondades,
rompiendo de nuevo los moldes.

Cuando la vida se oculta entre los pliegues de las sábanas
los amaneceres perecen de saldo,
las marionetas despiertan al son de gallos embotados,
y la vida sucede como si nada, o apenas nada,
descubrimos absortos el abismo de la propia mirada,
y todos los comendadores acuden a un festín
del que somos anfitrión, pan, postre y perdiz,
una deuda con la muerte que espera ser saldada.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Morir vivo

¿Has sondeado tus abismos?
Yo malgasté mi alegre primavera,
la edad de los sueños germinales,
en juegos de azar dónde la banca siempre gana:
perdí el nombre, la palabra y la memoria;
y la vergüenza, apostando a doble o nada.

¿Has conocido tus demonios?
La noche no dura eternamente,
los ojos que iluminan los futuros más negros
también terminan por apagarse
cuando la mañana irrumpe con su olor a rutina
y los barrenderos ocultan los cadáveres.

¿Aún conservas el aliento?
Digan lo que digan respirar es un lujo,
lo sabe quien se ha jugado el cuello,
y lo ha perdido:
cada bocanada es un estertor triunfante,
un beso en los labios del olvido.

Ni me alimenta perenne la victoria
ni en la derrota fundo mis anhelos,
benditos los que viven muertos,
yo prefiero morir vivo.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Morosos

La vida es una mierda la mayor parte del tiempo. Es un secreto a voces. Cuando te quieres dar cuenta has metido tanto la pata que ya no hay remedio, y de todas formas la alternativa tampoco es halagüeña.
Primero toca soñar, supuestamente. Pero sueñas y por supuesto te desvías, ¿cómo no te vas a desviar? Soñar es desviarse. Ah, pero si te desvías te introducen rápidamente de nuevo en la senda… y mejor por las buenas, si te da por ponerte rebelde las cosas se pueden poner muy difíciles. A veces a uno lo despiertan pronto.
Después te atosigan con una retahíla de razones, argumentos de todos los colores, te ofrecen un mundo que brilla allá, en el horizonte. Y caminas. Y caminas. Y sigues caminando. Y el camino no es de rosas sin espinas. Los zapatos siempre aprietan, la talla nunca es la correcta y otra vez la misma puta piedra. ¿Cómo mantener los mitos?
Para cuando quieres reaccionar la verbena te rodea. Todo es ruido y gente y fiesta. Tu lamento desentona y su estridencia se solapa con el frenesí que impera. Y pagas el precio de la entrada, y te endeudas con perros y con gatas creyendo aullar a la luna y bendecir tus siete vidas. Pero la verbena siempre acaba y deja tras de sí un silencio sepulcral, más profundo y más oscuro que el silencio habitual.
Todo está escrito con palabras sagradas: “No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”, y “convidado de piedra”, añadiría, aunque el invitado siempre paga en esta mesa, incluso si come aire. Y las deudas acechan.
Hay deudas de sangre, contraídas por amores y odios, deudas compartidas a partes siempre desiguales, y tú de nuevo con la mejor parte (léase ironía).
Hay deudas de carne, de la carne infecta que comes y de la carne exquisita que vendes, ¡y te visten de princesa!
Hay deudas de hambre, nunca satisfecha, de ser algo más que un número que se tambalea, de existir y huir del vacío, de aquel silencio de verbena.
Y las deudas siempre crecen.
Y siempre se pagan, de un modo u otro.

domingo, 27 de abril de 2014

Otra visión del paraíso

Audio - Lectura personal

Abre los ojos y observa.

Las ciudades engullen transeúntes al paso,
deshumanizan y agreden,
vomitan soledades multiplicadas,
que enferman y languidecen.

Los amores se marchitan también en primavera,
se agostan en abril
ávidos de un sol ausente por decreto,
sin aliento que los mime.

Las ambulancias trafican con la vida y la muerte
como si la eternidad se concentrase en un instante.
El disco verde anuncia una tregua.

Los poetas se piensan a salvo inmóviles en sus pedestales,
cronistas de nada,
ajenos a todo,
ensimismados buscando una palabra que no existe.

La ciudad sigue bullendo y siempre es de noche,
y la noche es terca y es oscura.
Los neones anuncian de saldo la tiranía
que sí nos supieron vender
iluminando nuestro hastío.

Abre los ojos, y disfruta.

Es eso o el suicidio.

miércoles, 16 de abril de 2014

Un poeta y su espejo

Te observo absorto,
te dejo hacer
transido de ti,
me asombro.

Eres y te mueves,
ajeno al vaivén de las olas,
danzas frenético
jácaras que huelen a muerte.

Vendes humo aquilatado,
cantos de sirena voraz,
apenas epítetos
que elevan a sagrado el pecado.

Compro tu aire y tu anhelo,
tus ganas de todo y de nada,
el verso que siempre naufraga
en tu voz ajada y en celo.

Regalo mi tiempo a tu cuerpo
hostil en tiempos de guerra
y en los breves remansos de paz
música que amansa a la fiera.

Me observo absorto,
me dejo hacer,
transido de mi,
me asombro.

martes, 15 de abril de 2014

Reconocimiento de la derrota

a Héctor, compañero de tantas batallas
Se han ido apagando las farolas
sin apenas percatarnos,
hemos perdido los santos y las señas,
y los sueños enlatados que soñamos.

Las facturas y fracturas nos acechan,
la bolsa o la vida, la ley del deseo,
saberse gigantes con pies de arena,
tunantes, aprendices de mortadelo.

Tú con tus historias y yo con mis cuentos,
ambos sin mordaza,
los dos quijotes sin remedio
dispuestos a la mancha
y la vergüenza.

Los tiempos nunca nos ofrecen una tregua
y este empeño de seguir siguiendo a pesar de todo
comienza a tener un olor a odisea,
sin ítaca de fondo,
sin dioses ni héroes,
sin más estrategia que seguir boqueando.

No sé qué somos ni sé qué fuimos,
perdimos la cuenta de tanta verdad inventada
a las puertas insomnes de un tremendo delirio,
enajenando miradas,
eludiendo respuestas.

No sé, tampoco, qué puertas nos aguardan,
qué monstruos habremos de ser,
cuántas veces nos negaremos mutuamente.

A pesar de todo,
para mi,
eres germinal en esta inhóspita existencia.

¡Pincha aquí si te apetece escucharme!

sábado, 5 de abril de 2014

Una visita inesperada

Pulsa aquí para escucharme...

No amanecimos ayer
pero nuestros alaridos premonitorios brotaron
y ejercieron su derecho y su deber al aborto,
y abortaron la lágrima que derramaban las estatuas,
el verdín que ocultaba el ansía de creer,
la inanición de los sinsueños.

No amanecimos ayer
aunque el mundo entero guardara un silencio
—cruel y cómplice—
rayano al desamparo;
a pesar de la ignorancia.

No amanecimos ayer
para callar y para otorgar,
para seguir vendiendo el alma y la palabra
a un diablo que ofrece paraísos y parnasos,
apenas motivos para el odio y el hastío.

No amanecimos ayer
y sin embargo seguimos deambulando
absortos en nuestro ombligo,
dando tumbos,
extrañados y extraviados,
aterrados.

No, ayer amanecimos
y solo un leve rumor de pasos que se acercan
inundaba nuestra estancia.