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domingo, 27 de enero de 2019

El camino y la piedra

Palpo a tientas el destino más oscuro,
el aire quema las entrañas
y los sonidos reverberan
ausentes,
estamos solos.
Afuera llueve
y el agua siembra lágrimas
que anegan el futuro de pasado.
Anochece y amanece,
amanece y anochece.
Reconforta saber que somos polvo,
tiempo y polvo,
que no hay marcha atrás,
que no existe camino de vuelta.
Sigo adelante absorto en mí mismo,
golpe a golpe,
verso a verso,
y no me importa que estés muerto,
yo estoy vivo,
aprieto los dientes,
conjuro los miedos
y abro caminos.

domingo, 3 de agosto de 2014

Vomitar la tristeza

Hay quien dice que escribo triste,
que siempre parezco al borde del suicidio en mis poemas,
que soy alérgico a la esperanza.

Puede.
Quizá sea cierto.
Mis palabras probablemente son insanas,
un alarido constante,
el terror que llega tras la curiosidad,
el apabullante desamparo,
la continua y adorada intrascendencia:

dios no es más que otra palabra.

Al fin y al cabo solo cabe engañar al tiempo,
que ni se gana ni se pierde,
y consagrarse a la inutilidad.

Con pasión acaricio otras manos
a pesar de la soledad,
acepto la traición
como condición sine qua non,
y vivo,
a pesar de todo.

Si vomito la tristeza,
no te aflijas,
solo es un hechizo,
un estertor en verso,
un modo,
como otro cualquiera,
de conjurar la sonrisa,
siempre irónica y terca.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Morir vivo

¿Has sondeado tus abismos?
Yo malgasté mi alegre primavera,
la edad de los sueños germinales,
en juegos de azar dónde la banca siempre gana:
perdí el nombre, la palabra y la memoria;
y la vergüenza, apostando a doble o nada.

¿Has conocido tus demonios?
La noche no dura eternamente,
los ojos que iluminan los futuros más negros
también terminan por apagarse
cuando la mañana irrumpe con su olor a rutina
y los barrenderos ocultan los cadáveres.

¿Aún conservas el aliento?
Digan lo que digan respirar es un lujo,
lo sabe quien se ha jugado el cuello,
y lo ha perdido:
cada bocanada es un estertor triunfante,
un beso en los labios del olvido.

Ni me alimenta perenne la victoria
ni en la derrota fundo mis anhelos,
benditos los que viven muertos,
yo prefiero morir vivo.