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domingo, 10 de mayo de 2015

Entendederas


Casi nunca supimos entendernos.

Mis metáforas de aire eran solo aire
y se estrellaban con la nada
en disolución suicida,
sin apenas rozarte,
y tus palabras eran presentimientos
de un terror nocturno y perenne
que prometía asaltarme
en cada sueño;

ansiaba tu carne desnuda
y mojada,
ansiaba tu ansia derramada
sobre mi lengua terca y oscura,
como si fueras poesía,
como si fuera poeta;

mis manos abiertas,
vueltas las palmas hacia arriba,
limpias y serenas,
ásperas,
no llegaban a tocarte,
por no herirte;

construía diques para nada,
parapetos para todo,
puentes para salvar una distancia
que nunca recorro
entre la tristeza que me horada
y la tinta que malgasto;

no. No supimos entendernos
y albergamos,
en silencio y con alevosía,
un océano de dudas permanentes
y elocuentes tempestades
que siempre amainaban a destiempo.

No supimos entendernos.
Nos desentendimos.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Morir vivo

¿Has sondeado tus abismos?
Yo malgasté mi alegre primavera,
la edad de los sueños germinales,
en juegos de azar dónde la banca siempre gana:
perdí el nombre, la palabra y la memoria;
y la vergüenza, apostando a doble o nada.

¿Has conocido tus demonios?
La noche no dura eternamente,
los ojos que iluminan los futuros más negros
también terminan por apagarse
cuando la mañana irrumpe con su olor a rutina
y los barrenderos ocultan los cadáveres.

¿Aún conservas el aliento?
Digan lo que digan respirar es un lujo,
lo sabe quien se ha jugado el cuello,
y lo ha perdido:
cada bocanada es un estertor triunfante,
un beso en los labios del olvido.

Ni me alimenta perenne la victoria
ni en la derrota fundo mis anhelos,
benditos los que viven muertos,
yo prefiero morir vivo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Palabras corrientes

Estoy mirando al tiempo diluirse,
dejándome mecer en un vaivén estático,
perenne,
ajeno y ajado desde un rincón del mundo.
Los colores de las banderas destiñen
con sangre todos los folios en blanco
y los supervivientes se enfrentan a un cielo
invariablemente silencioso
y al raso.
¿Quién es la mujer de sonrisa tenue
que me invita a libarla
desde el otro lado del espejo?
¿Quién este extraño que la observa?

Las palabras no hieren.
Las gargantas hieren,
asesinan, mutilan, aniquilan,
cuando se inflaman y proclaman
verdades elocuentes e intransigentes.
Las palabras, corrientes, se dejan hacer,
prostibularias,

el amor en cualquier cama.