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domingo, 6 de marzo de 2016

Veinte años...



A mis alumnos... 

Lloverá sobre tus pasos
y mis pasos,
nuestras huellas serán
estelas apenas,
imposibles de seguir
o soñar.

Pasarán los años
como trenes desbocados
y no veremos llegar
las palabras que nos hacen,
que se instalan,
que se clavan.

Vendrá nuevo el amor,
con su embrión de dudas,
a crear castillos de naipes,
futuros perfectos
flotando en el aire,
y no diremos que no.

Vendrán la muerte,
el hastío,
la soledad,
y harán de nosotros tormenta
sin visos de amainar.

Y sin embargo todo fluye
y permanece,
a pesar de nuestros egos infantiles.

Recuerda,
no pudimos ser mejores,
pero podemos ser mejores.

Pasará mi tiempo
y seré nomás una voz lejana
y antigua
que te habita,
recóndita.

Una voz que te invite a fracasar,
una vez más.

Veinte años...



A mis alumnos... 

Lloverá sobre tus pasos
y mis pasos,
nuestras huellas serán
estelas apenas,
imposibles de seguir
o soñar.

Pasarán los años
como trenes desbocados
y no veremos llegar
las palabras que nos hacen,
que se instalan,
que se clavan.

Vendrá nuevo el amor,
con su embrión de dudas,
a crear castillos de naipes,
futuros perfectos
flotando en el aire,
y no diremos que no.

Vendrán la muerte,
el hastío,
la soledad,
y harán de nosotros tormenta
sin visos de amainar.

Y sin embargo todo fluye
y permanece,
a pesar de nuestros egos infantiles.

Recuerda,
no pudimos ser mejores,
pero podemos ser mejores.

Pasará mi tiempo
y seré nomás una voz lejana
y antigua
que te habita,
recóndita.

Una voz que te invite a fracasar,
una vez más.

viernes, 31 de octubre de 2014

Quizá mañana

El mar vomita un alarido
cada vez que te pierdes,
cuando te descubres sin ansia.

He perdido los recuerdos imborrables,
los días de versos sin fin,
los lamentos compartidos
y las alegrías redentoras.

He renunciado al silencio implorando silencio.

Fracasar es respirar,
perder el rumbo encontrar el rumbo
hasta zozobrar,
quizá mañana.




miércoles, 6 de noviembre de 2013

Declaración de amor


A mis alumnos


Os quiero. A todos. A los que sí y a los que no. También a los que a veces.
Os quiero.
No necesito razones para amar, el amor no entiende de ello. Para querer solo hay que hacerlo, dejarse la piel.
Con vosotros vivo y me construyo cada día. Se supone que debo enseñaros, y cada día aprendo de vosotros.
Sufro en cada fracaso compartido, qué hago mal, qué no sé decir, qué puedo hacer mejor. Y en la noche me enfrento a mis dudas.
El amor es pensar en ti, y en ti, y también en ti. Y el intento suicida de venderos, disfrazada de palabras, el ansia de saber, la pasión de crear, la locura de amar.
Os recuerdo de niños, cuando me mirabais y veíais un gigante que hablaba y hablaba sin parar, gesticulando, de aquí para allá.
Cómo hemos cambiado. Cuántas derrotas hemos sufrido. Suspensos dramáticos; enfermedades; parejas que al final no eran; traiciones de los mejores amigos; el mundo que nos ahoga y no nos entiende… Tantas lágrimas…
Y yo sé que os iréis; que seguiréis vuestras vidas; que tendréis que tomar decisiones; que no siempre acertaréis; que tropezaréis varias veces en la misma puta piedra; que os levantaréis, más o menos magullados, y seguiréis adelante.
Lo sé. Vosotros, en el fondo, lo sabéis.
Quizás amor de madre. Voy a pensar, además, que vosotros también me queréis, a pesar de los gritos y suspensos, de las caras de loco intempestivo, de un sentido del humor abyecto, y de las horas de sermón ilocutivo.
Todas mis palabras son vuestras: usadlas, retorcedlas, vengaos de mi en cada letra.
Y recordad: el mundo está ahí fuera, esperando vuestro amor en vena.
Haced la vida con el corazón.
Os quiero. Conste en acta.

Voz propia, nudo en la garganta