miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ilumíname

A Sonia Mirón, que me regaló 
el gérmen de estos versillos

Mi sombra arde de hambre,
deambula por los barrios más oscuros
de la ciudad,
siempre al ocaso de todo,
y te busca.

Los policías y las putas patrullan unas calles
desiertas de poesía,
hoy las enredaderas son solo enredaderas.

La luna se inhibe
y un manto de agua gris y perenne
dibuja garabatos
sobre los parabrisas de los automóviles
detenidos y sin alma.

Los semáforos ofrecen su sinfonía de color monocorde
a los gatos,
siempre negros y agoreros.

Mi sombra puebla el alféizar de todos los pecados
buscando alba,
sedienta de luz,
atada a mí y a mi insignificancia por recias cadenas,
aterrada,
comprensiva
y extranjera.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

El caracol

Dicen que el mundo se creó,
pero no es cierto,
el mundo se crea,
sin motivo aparente.

Sálvese quien pueda.
No.
Nadie puede.
No nos engañemos.

Mi mundo cabe en mis ojos
y en mi boca,
y en mis manos que tocan,
cuando me embargo,
por primera vez el mar
y se estremecen.

Mi mundo son imágenes dispersas:

calles de barro que huelen a mierda
y trinos de golondrina bajo los tejados,
pantanos de júbilo estancado;

calles de hierro resbaladizas y saladas,
las putas del puerto y la cruz de pillar,
adolescentes imberbes buscando argumentos
para una buena novela con mal final;

calles de piedra pulida por el oro y por el tiempo,
la libertad vendida al mejor postor
y un pobre pidiendo limosna en cada esquina,
¡viva la república! (sea lo que sea)

Mi mundo son voces que sonaron
o que suenan:

el tanguista de tangar, con su mano dispuesta,
el que me regaló un porqué y lo escribo;

la diosa de todas mis plegarias,
el compañero fiel y hermano,
los amigos, las parejas,
las que no son, las que serán, las que han sido;

las que dicen En un lugar de la mancha
Donde habita el olvido
No me gustas cuando callas
pero hay que haberlo vivido,
para contarlo.

Mi mundo me lo llevo a cuestas,
como un caracol
preso de sí mismo,
absorto en su quimera,
y cuando muera
conmigo morirán mis amores y recuerdos,
mi mundo y su torpeza.


viernes, 31 de octubre de 2014

Quizá mañana

El mar vomita un alarido
cada vez que te pierdes,
cuando te descubres sin ansia.

He perdido los recuerdos imborrables,
los días de versos sin fin,
los lamentos compartidos
y las alegrías redentoras.

He renunciado al silencio implorando silencio.

Fracasar es respirar,
perder el rumbo encontrar el rumbo
hasta zozobrar,
quizá mañana.




viernes, 24 de octubre de 2014

De colores

Tuve un sueño.
Un ser desnudo despierta y observa anonadado el mundo circundante. Todo es pasión y éxtasis: la agradable rugosidad de la corteza del tronco del árbol; el olor tenue de la mierda reciente; el sabor dulce y el sabor amargo de un camino apenas iniciado; el río que le absorbe y le hace agua. Todo es nuevo. Todo tiene un porqué y basta con buscarlo para colmar un ansia de conocimiento, de asideros que regalen un destino al desatino.
Los nombres van surgiendo y acumulándose, amancebándose, y pariendo nombres nuevos, adjetivos brillantes y circunstancias únicas. El fulgor se instala y desborda de expectativas a un joven ruiseñor, dispuesto al cante con las plumas lustrosas. Cada instante merece ser vivido, ser analizado y ser clasificado. El ser descubre el orden y se alimenta ávido de digerir. Surge el verbo. Para permanecer.
Sin sospecharlo siquiera el ser son seres. El pequeño nicolás, aterrado, grita mientras observa a sus amigos: “¡Todo se complica!” El orden soñado se convierte en una máquina de pinball con cientos de esferas bailando, en un movimiento enajenado, en un azar insobornable. Los espejos se multiplican y cuestionan la verdad desde su silencio, un silencio estridente y poliédrico.
Entonces todo se detiene. Los espejos pierden interés cuando la ilusión aparece, etérea, sublime, improbable. Todo orden imaginado se resuelve en un caos con sentido y sin sentido. Las palabras se adelgazan, se ocultan tras la boca, se diluyen en saliva redentora, se soslayan. El tiempo se dilata y acumula lugares propicios al amor, versos repletos de metáforas manidas, tan ciertas como efímeras, fragantes e inmarcesibles, y se venga inventando el olvido.
El olvido es la nada, el vacío, tierra baldía. Es saberse ser vencido. Es mirar cómo sucede la muerte, como se va acercando y le va cercando, indómita, tan callando que hila un poema murmullo que, como un río de aguas tranquilas, ruge cuando presiente la cascada, la caída final e inevitable.

Perseguí un sueño.

Los amaneceres conspiraban,
bendecían mi otrora mal pie siniestro,
y obsequiaban embriones de júbilo.
Tejía urdimbres de tiempo
que invocaban una tregua,
suspiraba minutos
con sabor a vida entera.
Como Penélope sin Ulises.

Los veranos languidecen,
los amaneceres atardecen
y en el puerto nadie da noticia,
solo el batir de las olas
que desgasta los deseos
trae cantos de sirenas ajadas
que me recuerdan que existes,
dondequiera y comoquiera.

Tuve un sueño. Perseguí un sueño.
La vida debe parecerse a eso,
una caída libre en un espacio vacío,
de colores.


domingo, 19 de octubre de 2014

Cotidiana


Tengo un atroz dolor de espalda
que apenas me deja respirar,
siento el peso de cada lágrima
como un atlas al límite de sus fuerzas,
el polvo del camino que el viajero
acumula sobre su historia
cuando el camino, nuevamente,
se bifurca,
se trifulca.
No sé hasta cuando estos huesos
serán quién de no quebrarse,
sus quejidos son nana sempiterna.
Tengo un atroz dolor de espalda
y las palabras se me escurren,
como el agua que no has de beber,
como el ciento volando.
No encuentro mi camino de baldosas amarillas,
y tengo un atroz dolor de espalda.

jueves, 16 de octubre de 2014

Derramarse o diluirse

Maldices a la luna implorando un motivo
cualquiera,
un asidero tenue,
otra mala excusa
que regalar a tus oídos.

Miras atrás con cierto desdén,
con la mirada fría,
con el odio del vencido,
y no ves más que humo,
el esqueleto de un futuro desvencijado.

Lamentablemente
soportamos el peso de nuestros sueños
cuando cada bocanada de aire arde
y la vida huele a vertedero,
cuando olvidamos dormir
por vigilar nuestro equipaje.

Ya solo queda derramarse o diluirse,
mascullas,
y apenas importa,
sentencias.