A Sonia Mirón, que me regaló
el gérmen de estos versillos
Mi sombra arde de hambre,
deambula por los barrios más oscuros
de la ciudad,
siempre al ocaso de todo,
y te busca.
Los policías y las putas patrullan unas
calles
desiertas de poesía,
hoy las enredaderas son solo enredaderas.
La luna se inhibe
y un manto de agua gris y perenne
dibuja garabatos
sobre los parabrisas de los automóviles
detenidos y sin alma.
Los semáforos ofrecen su sinfonía de
color monocorde
a los gatos,
siempre negros y agoreros.
Mi sombra puebla el alféizar de todos los
pecados
buscando alba,
sedienta de luz,
atada a mí y a mi insignificancia por recias
cadenas,
aterrada,
comprensiva
y extranjera.