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martes, 9 de diciembre de 2014

Chavela

Chavela canta desgarrada,
y desgarrada desgarra
la esencia de la palabra,
y un alma en suspenso.

Chavela canta y teje,
como Penélope esperando el amor,
un sueño íntimo y lúbrico
para engañar al tiempo y al destino.

Solo la guitarra sabe llorar de alegría.

Chavela canta y el mundo baila
ajeno a un dolor que se intuye,
y un embrión de golondrina
se atreve a florecer.

Chavela canta y muere lentamente,
abrazada a una presencia ausente,
a una ausencia presente que recuerda
el precio que pagamos por la vida.

Chavela canta, y canta,
y cada verso hiere
y, al tiempo,
cicatriza las heridas.


viernes, 24 de octubre de 2014

De colores

Tuve un sueño.
Un ser desnudo despierta y observa anonadado el mundo circundante. Todo es pasión y éxtasis: la agradable rugosidad de la corteza del tronco del árbol; el olor tenue de la mierda reciente; el sabor dulce y el sabor amargo de un camino apenas iniciado; el río que le absorbe y le hace agua. Todo es nuevo. Todo tiene un porqué y basta con buscarlo para colmar un ansia de conocimiento, de asideros que regalen un destino al desatino.
Los nombres van surgiendo y acumulándose, amancebándose, y pariendo nombres nuevos, adjetivos brillantes y circunstancias únicas. El fulgor se instala y desborda de expectativas a un joven ruiseñor, dispuesto al cante con las plumas lustrosas. Cada instante merece ser vivido, ser analizado y ser clasificado. El ser descubre el orden y se alimenta ávido de digerir. Surge el verbo. Para permanecer.
Sin sospecharlo siquiera el ser son seres. El pequeño nicolás, aterrado, grita mientras observa a sus amigos: “¡Todo se complica!” El orden soñado se convierte en una máquina de pinball con cientos de esferas bailando, en un movimiento enajenado, en un azar insobornable. Los espejos se multiplican y cuestionan la verdad desde su silencio, un silencio estridente y poliédrico.
Entonces todo se detiene. Los espejos pierden interés cuando la ilusión aparece, etérea, sublime, improbable. Todo orden imaginado se resuelve en un caos con sentido y sin sentido. Las palabras se adelgazan, se ocultan tras la boca, se diluyen en saliva redentora, se soslayan. El tiempo se dilata y acumula lugares propicios al amor, versos repletos de metáforas manidas, tan ciertas como efímeras, fragantes e inmarcesibles, y se venga inventando el olvido.
El olvido es la nada, el vacío, tierra baldía. Es saberse ser vencido. Es mirar cómo sucede la muerte, como se va acercando y le va cercando, indómita, tan callando que hila un poema murmullo que, como un río de aguas tranquilas, ruge cuando presiente la cascada, la caída final e inevitable.

Perseguí un sueño.

Los amaneceres conspiraban,
bendecían mi otrora mal pie siniestro,
y obsequiaban embriones de júbilo.
Tejía urdimbres de tiempo
que invocaban una tregua,
suspiraba minutos
con sabor a vida entera.
Como Penélope sin Ulises.

Los veranos languidecen,
los amaneceres atardecen
y en el puerto nadie da noticia,
solo el batir de las olas
que desgasta los deseos
trae cantos de sirenas ajadas
que me recuerdan que existes,
dondequiera y comoquiera.

Tuve un sueño. Perseguí un sueño.
La vida debe parecerse a eso,
una caída libre en un espacio vacío,
de colores.


sábado, 15 de marzo de 2014

Roles

Los gatos sopesan pedir la baja voluntaria
mientras el camello vende cloroformo
a una piara satisfecha y complaciente.
Nadie quiere crecer ni dormir.
Todos aúllan a la luna.

Y la luna se venga inmarcesible
en un ciclo eterno y sinsentido
que teje y desteje, teje y desteje
regalando a Penélope un motivo.

¡Odiseo…! ¿Dónde estás?
Yo te espero…

Pero Ulises se ha ido.
Sigue persiguiendo quimeras,
vadeando océanos de certidumbres naufragadas,
seduciendo sirenas antropófagas,
huyendo de la muerte.

Los búhos desvisten la noche
y cuentan historias de viejo,
verdades robadas al tiempo,
palabras que exigen ser norte.


Todos aceptamos la impostura.