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domingo, 27 de enero de 2019

El camino y la piedra

Palpo a tientas el destino más oscuro,
el aire quema las entrañas
y los sonidos reverberan
ausentes,
estamos solos.
Afuera llueve
y el agua siembra lágrimas
que anegan el futuro de pasado.
Anochece y amanece,
amanece y anochece.
Reconforta saber que somos polvo,
tiempo y polvo,
que no hay marcha atrás,
que no existe camino de vuelta.
Sigo adelante absorto en mí mismo,
golpe a golpe,
verso a verso,
y no me importa que estés muerto,
yo estoy vivo,
aprieto los dientes,
conjuro los miedos
y abro caminos.

lunes, 20 de mayo de 2013

Una furtiva lágrima



Una furtiva lágrima asoma intempestiva
la comisura de tus labios perennes,
esbozando apenas una triste sonrisa,
y renegada, un dolor en ciernes.

Llevamos desde siempre hablando de lo mismo,
amor y muerte, no hay otra cosa:
amor a dios, a la mujer o amor al amor,
autoamor que se recrea en un espejo
y se descubre solo, muerto.
Y muerto descubre la muerte y su alivio,
su alivio y su desgarro.

Ahora, siendo otros, seguimos siendo los mismos,
un par de enajenados entrambos consumidos,
un ejemplo más de las veleidades de un destino
que, por no hacer mudanza en su costumbre,
bifurca los senderos, divide los caminos.

No puedo hacer más que repetirlo en el vacío
de esta página virginal que se me ofrece:
la angustia no es la falta de aire,
la angustia es la ausencia de sentido.