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lunes, 8 de febrero de 2016

El pasillo

El aire flota pervirtiendo el momento extático
de la definitiva rendición,
evohe, evohe,
y solo un jadeo extraño y lejano
interrumpe la soledad,
como un río que fluye y ensimisma,
partiéndote en dos.

No vinimos a quedarnos,
eso lo sé,
el tiempo no se atesora
y los domingos queman.

Las paredes son lienzos o patíbulos,
las palabras son heridas
siempre propias,
consentidas sin sentido.
La poesía una manera de callar.

La necia realidad se impone,
Leporello.

Las puertas cerradas ocultan sueños,
bailes a medianoche
y besos con sal,
y el pasillo se extiende,
largo y oscuro ante nosotros,
ávido y obcecado.

Y ya sin tiempo,
Leporello,
sólo nosotros podemos ser,
hasta que se cumpla el plazo,
hasta que la deuda se pague.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Ser quien soy



Me acostumbro cada día a ser el amante,
a no ser el amor,
a pasar los domingos entre lágrimas
que agonizan al sol.
Te acepto cuando vienes, intempestiva,
acepto tus juegos malabares
y el calor desbordante de tu risa,
y me quemo en un cuerpo que arde.
Sé que somos imposible,
una absurda contradicción,
que vuelvo a ser un kleenex,
el verso sin rima de la canción.
Tras el fuego te vas
y me dejas a mi muerte,
desnudo y helado,
como un cuerpo transparente
hecho de semen y sal.
Yo no sé ladrar,
apenas escribo,
a borbotones y mal,
suplicando tu olvido.

Aprendí a ser el amante,
aprendí a renunciar al amor,
a convertirme en un páramo errante,
a celebrar con ginebra el dolor.

No maldigas ahora mi estampa,
solo pude ser quien soy.