Chavela canta desgarrada,
y desgarrada desgarra
la esencia de la palabra,
y un alma en suspenso.
Chavela canta y teje,
como Penélope esperando el amor,
un sueño íntimo y lúbrico
para engañar al tiempo y al destino.
Solo la guitarra sabe llorar de alegría.
Chavela canta y el mundo baila
ajeno a un dolor que se intuye,
y un embrión de golondrina
se atreve a florecer.
Chavela canta y muere lentamente,
abrazada a una presencia ausente,
a una ausencia presente que recuerda
el precio que pagamos por la vida.
Chavela canta, y canta,
y cada verso hiere
y, al tiempo,
cicatriza las heridas.