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jueves, 8 de enero de 2015

El egoísta emocional

Déjame susurrar tu nombre,
ser sílaba y seducirte despacio,
como si el tiempo sobrase,
como si el tiempo no existiese.
Quiero saber. Necesito saber.
Tu mano, cuando toca, ¿qué siente?
¿Qué siente tu alma cuando tu mano,
tu mano loca, toca?
¿Qué te hace diferente?
Te observo beber sedienta de sed
y me pierdo en un desierto
poblado de espejismos,
descubriendo que el océano
cabe en una sola lágrima,
en una única y lúbrica lágrima.
El sol luce. El sol seca.
El agua ahoga y el agua riega.
Siempre es cuestión de tiempo,
un tiempo nunca nuestro,
apenas un instante de gloria,
efímero y pendenciero.
Quise ser tu hierro candente,
tu herramienta de placer,
tu mejor verso de amor,
tu gemido más ardiente,
porque el fuego no conoce el miedo.
Ahora solo sueño ser tus dedos.


jueves, 9 de octubre de 2014

Caperucita azul

Reverberan los gemidos en una habitación vacía,
sin cuadros ni ventanas,
y crece lo prohibido,
como una enredadera decorando interiores.
Prohibido soñar con cuerpos desnudos,
con dedos de sal,
con cuellos de limón,
y labios de tequila.
Son las nueve. La hora colacao.
La hora de comerse las ganas
viendo las noticias,
de ser convencional.
Y no.
Estoy sola y bailo para mí.
Yo soy la princesa de este cuento,
aunque no quiera,
aunque me duela,
y me niego a ser patito feo,
estoy sola,
y bailo para mí.
Me desnudo ante el espejo,
me imagino deseándome,
mostrándome libre,
y la rabia me consume,
entre la angustia y el placer.
Un último suspiro basta
para derribar las fronteras de la corrección,
y abandonarse,
por fin,
al desamparo.