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jueves, 8 de enero de 2015

El egoísta emocional

Déjame susurrar tu nombre,
ser sílaba y seducirte despacio,
como si el tiempo sobrase,
como si el tiempo no existiese.
Quiero saber. Necesito saber.
Tu mano, cuando toca, ¿qué siente?
¿Qué siente tu alma cuando tu mano,
tu mano loca, toca?
¿Qué te hace diferente?
Te observo beber sedienta de sed
y me pierdo en un desierto
poblado de espejismos,
descubriendo que el océano
cabe en una sola lágrima,
en una única y lúbrica lágrima.
El sol luce. El sol seca.
El agua ahoga y el agua riega.
Siempre es cuestión de tiempo,
un tiempo nunca nuestro,
apenas un instante de gloria,
efímero y pendenciero.
Quise ser tu hierro candente,
tu herramienta de placer,
tu mejor verso de amor,
tu gemido más ardiente,
porque el fuego no conoce el miedo.
Ahora solo sueño ser tus dedos.


lunes, 26 de agosto de 2013

A mano almada


Mi cuerpo se retuerce en tu recuerdo,
vela en la noche mil caricias imaginadas
y al amanecer estalla
salpicando de sal y agua
tu espalda soñada.

Me despierto en pie,
con la lengua mojada
y te busco,
y no te encuentro,
y me dejo matar a mano almada.

sábado, 2 de marzo de 2013

Captatio benevolentiae

¿Quién se atreve al juicio?
¿Qué mano traidora y suicida lanzará la piedra primera?
Soy un hombre, vivo sin dios y sin bandera,
asumiendo en persona mis delitos.
No humillo el alma.
Duermo a pierna suelta en cualquier cama.

Sé que he de morir como Quijano,
abrazado a un sueño,
como un agosto de invierno,
imposible y sin embargo...

La culpa no atenaza mis entrañas,
todos los besos han sido de veras
a pesar de los pesares y las penas,
recibiré la piedra con la frente alta.


La culpa no atenaza mis entrañas,
todos los versos han sido de veras
a pesar de los pesares y las penas,
recibiré la piedra con la frente alta.

Si hay que morir, como parece,
mejor haber vivido.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Desencuentros


Te irás,
como todos nos vamos,
dejarás las paredes blindadas de fotografías,
tres gotas de esmalte y el parquet malherido,
olor a tabaco y un aire de nido.
Te irás y me dejarás,
enfrentado a tu ausencia y a mi peor enemigo,
solo ante mi reflejo deformado en un espejo
como un clavo anhelante esperando su martillo,
como un cero a la izquierda.
Pensaré en ti cada mañana,
enredado entre los pliegues de mi cama,
con la mano.
Pensaré en ti, como ahora te olvido.