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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Puntos suspensivos

Hay algunos que dicen
que todos los caminos
conducen a Roma,
pero Roma está en ruinas,
y París, y Florencia,
y Nueva York,
todos son lugares propicios al desamparo.
Yo también me retiro
a mi mundo con mi flor,
no más bella,
no única,
no viva,
pero mía con su plástico y mi inquina,
a soñar con pinochos y mentiras,
a seguir siendo yo:
un suspiro.
No dibujo ausencias
ni persigo unicornios azules
con los ojos cerrados,
soy un hijo bastardo
de la pasión desdibujada,
que ni duerme ni vela,
otro cero a la izquierda
adelantando en línea continua,
como si la muerte no importara,
y no importara la vida.
Un suspiro y un punto
sin puntos suspensivos.


martes, 4 de junio de 2013

Cuerpos


Mi cuerpo es mi patria,
una tierra seca e insumisa,
capacidad de amor o verbo,
alergia al ocultamiento.

Mi cuerpo colisiona con otros cuerpos:
las galaxias.

Hay cuerpos celestes,
cuerpos que brillan e inundan
de una luz germinal
los atónitos telescopios
que se afanan en escudriñar
fragmentos de tiempo,
fragmentos de nada.
Hay cuerpos inmóviles,
acechantes,
ávidos de palabras
que engullen hasta el último punto,
otro agujero negro.
Hay cuerpos mutantes,
híbridos,
medio minerales,
medio vegetales,
medio animales medio-pensantes.

Existen cuerpos como catedrales,
con sus cúpulas de oro, de mármol o vidriadas,
las columnas esbeltas rematadas en capiteles
de extraordinaria belleza, volutas, arquivoltas,
y en el centro un altar para arrodillarse,
y un órgano majestuoso para dar voz a la carne.

Existen cuerpos como cárceles,
cuerpos que sollozan sangre en silencio,
escondidos en sus cuevas,
y sueñan la libertad o la muerte.

Del choque a veces surgen destellos.
A menudo solo un eco.

Mi cuerpo es mi patria,
cada día lo mancillo,
golpe a golpe con él muero,
verso a verso con él vivo. 

martes, 16 de abril de 2013

La muerte y su pluma


Pincha aquí para escuchar el poema

Retorno siempre impenitente de nuevo al carácter,
ese configurador de destino,
a aferrarme renovado a otro clavo ardiente,
presto al descalabro y al vacío.
Multiplico las ausencias e imagino pasados verosímiles,
pero tan ficticios como el día de hoy.
Después de todo, me digo, nuestro tiempo es solo historia.
Y a pesar de todo nuestro tiempo es solo nuestro.

Aún me siento a menudo, y escribo tranquilo
esperando a la muerte y su pluma,
ofreciendo redentora
todas las palabras dichas concentradas en un solo punto,
final e inabarcable
.