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miércoles, 26 de febrero de 2014

Mirada

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Casi nada se parece a ti.

No se parece a ti este atardecer
con el sol cediendo protagonismo
a los secretos que surgen del mar.

Tampoco el amanecer con su bostezo
y su apatía, ni la noche que se agosta
y fenece.

No se parece a ti la ciudad indómita
que exagera sueños y pesadillas
y reverbera.

Tampoco la playa, esa frontera
que cercena el horizonte más cercano,
y lo niega, lo niega, lo niega.

No se parece a ti el silencio traidor
que incesante mana a borbotones
de todas las gargantas exigidas,

ni el paso del tiempo incontestable
dibujado en mis ansias de saldo,
esta derrota auto-infligida.

Casi nada se parece a ti.

Salvo quizá el sol del atardecer al besar tu mejilla,
el alba que te dibuja virginal, dispuesta a todo,
la luna entre bambalinas cuando la observas.

Puede que algunos rincones inesperados
donde la ciudad y la playa se confunden
y ofrecen su lengua al mestizaje.

Seguro mis palabras, arena de un reloj
que corre hacia ti,
sin perder un instante.

Casi nada se parece a ti, salvo tú,
cuando te observo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

La frontera





Desde este lado de la vida
la ventana se llena de adjetivos.
No es posible salir incólumes de este trance, desde luego,
pero antes de morir, mejor haber vivido.
Escuchar el mar,
lejano y cercano en un abrir y cerrar de ojos,
sentir su sal lasciva en la propia saliva
templando un carácter que forja destino,
se ofrece como la rutina de un antihéroe
que escribe poesía.
La ventana como una frontera entre dos mundos
que colisionan,
dulcemente cuando el silencio se hace balsa
y las palabras discurren tranquilas y de la mano
dibujando el embrión de un suspiro
o la sombra de una sonrisa,
 o amargamente cuando el silencio ahoga
y las palabras astilladas rasgan la garganta
y la sangre se confunde con la tinta
y todo todo todo pierde sentido.