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miércoles, 26 de febrero de 2014

Mirada

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Casi nada se parece a ti.

No se parece a ti este atardecer
con el sol cediendo protagonismo
a los secretos que surgen del mar.

Tampoco el amanecer con su bostezo
y su apatía, ni la noche que se agosta
y fenece.

No se parece a ti la ciudad indómita
que exagera sueños y pesadillas
y reverbera.

Tampoco la playa, esa frontera
que cercena el horizonte más cercano,
y lo niega, lo niega, lo niega.

No se parece a ti el silencio traidor
que incesante mana a borbotones
de todas las gargantas exigidas,

ni el paso del tiempo incontestable
dibujado en mis ansias de saldo,
esta derrota auto-infligida.

Casi nada se parece a ti.

Salvo quizá el sol del atardecer al besar tu mejilla,
el alba que te dibuja virginal, dispuesta a todo,
la luna entre bambalinas cuando la observas.

Puede que algunos rincones inesperados
donde la ciudad y la playa se confunden
y ofrecen su lengua al mestizaje.

Seguro mis palabras, arena de un reloj
que corre hacia ti,
sin perder un instante.

Casi nada se parece a ti, salvo tú,
cuando te observo.