jueves, 12 de septiembre de 2013

La revolución



El primer obús cayó como un relámpago,
incendiando un aire inmune al sonido,
condensando todo el odio en un átomo
colosal y fratricida, semilla de olvido.
Los tibios huyeron como ratas,
anegando los desagües,
emponzoñando aguas y estanques,
enarbolando sábanas blancas.
Los fieles, de rodillas, imploraron,
cantaron himnos vacíos,
confesaron todos sus vicios,
ofrecieron sus cadenas y candados.
Los parias siempre alimentando el desamparo.
Los héroes, enterrados.

Los revolucionarios siempre vencen,
se apropian de la verdad y su doctrina,
violan, matan, sangran, ennegrecen
y se ungen salvadores de patrias asesinas.
Salen a cazar muertos cuando anochece,
con sus camisas a juego,
con sus dientes de leche,
inspirando terror y cagados de miedo.
Y los muertos conspiran,
planean su venganza de don mendo,
sueñan con reencuentros homicidas
predicando con su ejemplo.
Los poetas, hastiados, callan mientras tanto,
haciendo gala de su eterna cobardía.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Fronteras difusas



Hoy me he despertado con una inexplicable
sensación de precipicio,
el borde de mi cama
era una obscena invitación al suicidio.
Mi cabeza es una verbena
que ofrece ecos de un pasado marchito,
versos que naufragan
y poemas que son apenas alarido.

Hay días que no merecen la pena
y mucho menos la alegría,
hay días en los que muero en tu recuerdo,
días que se visten de rutina.

Existen los poemas, y existe la poesía,
los poetas somos parias y suicidas,
nos enamoramos de un sueño
conscientes del absurdo del empeño.

Agua de Rocío


Pincha aquí para escuchar el poema

La vida es en ocasiones un río,
no invento una metáfora.
Nace blanca como la leche
de un pecho materno que amamanta,
y poco a poco, sangre a sangre,
se va tiñendo ennegreciendo el alma.
La vida se detiene en meandros inútiles,
serpenteando, vagabunda, sin destino,
subyugada por una oscuridad selvática,
enajenando una vez y otra el camino,
echando el cuerpo a tierra y de bruces.
Y sin aviso se oye el rumor creciente del absurdo,
y se precipita sin red veloz hacia el abismo
ofreciendo un arcoíris que transforma el mundo,
ser cascada no es lo mismo que ser río.
La vorágine se apodera del tiempo,
cada gota esconde un océano ínfimo
suspendido en el aire un instante eterno
extranjero a la idea del olvido.
A veces es lluvia torrencial,
a veces es hielo derretido,
pero nunca sabe igual
que los besos de agua de Rocío.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Mi barrio, en la noche



La ciudad ofrece breves momentos de paz,
apenas fugaces destellos de esperanza irredenta.
Yo suelo trasnochar.
Salgo y levito sobre todos y sobre todo,
absorto,
como un guardián que protege su redil,
amante y solícito.
Mi barrio es un arrabal,
putas y chaperos venden incendios a precio de saldo,
todas las esquinas desiertas paren su dromedario,
surtidores de sueños embriones de pesadilla,
y un hotel que oculta la vergüenza del padre de familia,
gente bien que naufraga mal.
Me siento en los parques a custodiar la angustia,
desde aquí se ve el puente y su suicida,
siempre el mismo, siempre diferente,
con ningún motivo que lo aferre a la vida.
De repente un crujido anuncia el fulgor plateado de la luna
reflejado en la hoja impenitente e inmunda
que un yonqui blande inútilmente
ciego en su delirio, corriendo de espaldas buscando la muerte.
Y el amanecer,
y los impostores que inundan las calles.
Me conmueve mi barrio cada noche,
su verdad desnuda me alimenta.

domingo, 1 de septiembre de 2013

A mi hijo, que no es



Te escribo para compartir mi cobardía,
para expiar mi culpa y mi egoísmo,
aunque tú no existas,
y sin ti no sea yo el mismo.

Sentado junto a la ventana
he observado mundos que naufragan,
miradas que generan desconfianza,
animales que se aman a dentelladas,
un millón de almas que vagan desalmadas.
He visto amores que se desmoronan,
lágrimas de luto, siempre a deshora,
sueños kamikazes que a la postre se agostan,
se marchitan o se inmolan.
He oído los quejidos y crujidos de la historia,
salpicados de sangre y desmemoria,
prestando su voz a vidas cortas,
nimias, fugaces, letales, traidoras.
He olido el aroma de la nada,
de las ruinas del amor entre las sábanas,
de la sangre propia malgastada,
de la muerte, que siempre comparte mi cama.

Son muchos los motivos, hijo mío,
que provocan esta eterna huida,
que te impiden iniciar tu camino
y te abocan a ser idea, a ser poesía.