Doblar una esquina.
Doblar otra esquina.
Otra esquina más.
En eso consiste un laberinto.
El minotauro espera.
Las paredes no permiten ver
y no permiten verte.
Los ladrillos son recuerdos
que crecen y alejan el cielo.
Sobre los muros blancos
se proyecta mi vida,
la que fue,
y la que no pudo ser.
Me duelen los pies
de tanta senda sin sentido,
de tanto carácter y destino.
El camino va quedando atrás,
transitado eternamente,
y delante un lienzo,
una hoja en blanco preñada de horror vacui,
una apuesta a doble o nada
por seguir siendo yo mismo.
He dejado de correr tras el eco de tus pasos
que aún así resuenan e inundan,
ahogan el silencio.
Correr tras un recuerdo es un suicidio.
Aprendo a vivir con ellos,
acompasando mi corazón a tus silencios,
bebiendo solo,
brindando por tu ausencia y por mi exceso.
Camino sereno.
Sé que estás lejos,
doblando tus esquinas de mármol,
con tu propio minotauro al acecho,
valiente y loca. Sobreviviendo.