Miramos las estrellas y dibujamos sueños.
Todas las preguntas se agolpan
y se confunden
hasta el último grito:
¡existo, y te busco!
Supongo que tú también estás sufriendo
enfrentado a la insoportable levedad del ser,
al vacío insondable de un mundo
que nunca ha sido nuestro,
que nunca será nuestro,
que se basta a sí mismo.
Sin embargo estamos solos,
ontológicamente solos y jodidos,
al borde de la cordura.
Compramos excusas al peso
para dar otro paso y no claudicar,
esperando una respuesta,
conjurando una respuesta
y de rodillas.
Vendemos humo
y tiempo que huye,
un tiempo que no quiere ser cómplice
y se lava las manos.
A veces tiemblo y pienso en ti.
Sé que existes,
dondequiera y comoquiera,
eres.
La misma luz nos acaricia,
aunque yo no te vea
y cuestione a las estrellas.