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jueves, 23 de abril de 2015

Tu propio silencio

Construyes altos muros para ocultar tu vergüenza,
para que no vean tus lágrimas rodar,
para sentirte diferente y único en un absurdo hogar
sin salida.
Pasas tus días observando tu ombligo,
esperando una esperanza que quiera brotar,
ebrio de recuerdos que han sido y no han sido,
como un ángel custodio.
Tus ojos se acostumbran a la oscuridad
y nunca duermen,
siempre vigilan,
siempre sospechan.

¿Es que no has aprendido nada?
El mundo es una esfera.

Todos los muros terminaron sucumbiendo:
lo dicen Babel y Boabdil,
lo dicen Roma, Persia y Madrid,
Gorbachov, Jesucristo, Mahoma,
Stephen Hawking y Dalí.

Los alambres de espino se oxidan y mueren,
los himnos se olvidan,
se olvidan los nombres de los héroes anónimos
y se cifran nuevos mitos
que reverberan un instante y se esfuman,
a golpe de hombre y de hambre.

Tú también morirás, encerrado en tu trinchera,
con el uniforme raído por la pena,
y umbrío casi bruno.
Apenas quedará tras de ti tu propio silencio,
en bocas ajenas.


viernes, 25 de julio de 2014

El tren

A veces la muerte es un guiño repentino,
una luz súbitamente apagada,
un tren que descarrila, sin previo aviso,
que toma una curva y nada.

Todos somos un poco suicidas y un poco poetas,
tejemos insaciables urdimbres de sueños,
pintamos obras maestras en telas ajenas,
disfrazamos segundos fugaces de instantes eternos.

Y sin embargo te quiero.

Las palabras se tiñen de ocre,
se visten de luto,
acuden intempestivas al festín de piedra
y se atragantan, temblorosas,
cercenadas por las lágrimas.

No hay billete de vuelta en este viaje
y el tren ni se detiene ni aminora.

viernes, 1 de marzo de 2013

Un invierno riguroso


Pincha aquí para escuchar el poema

Este ha sido un invierno riguroso:
vino el frío a congelar el alma,
con sus témpanos de odio
y sus copos de nieve como lágrimas
de tristeza e incomprensión;
vinieron las lluvias torrenciales,
y arrasaron.
Se llevaron por delante mil futuros
y un pasado, dejando a su paso
solo un presente silencioso y estancado;
vino el hastío, sin llamar a la puerta,
sin cita previa,
a instalarse entre tu yo y mi conmigo,
con su cara de pena y su maleta de olvido;
vino la soledad,
seductora y duermevela,
con promesas de nada,
sorda, muda y ciega,
a poblar los agujeros de una ausencia entregada.
Este ha sido un invierno riguroso
y solo queda esperar la primavera.