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sábado, 9 de abril de 2016

JASP

Mañana será tarde,
me gritaban tus ojos en la última despedida.
Y yo apenas entendía
esgrimiendo mil y un argumentos cobardes.

Mañana no existe, me repito,
caminando cabizbajo,
por las calles sin alma
de una ciudad demasiado gris,
demasiado cruel.

Me detengo ante un escaparate
que devuelve mi propio vacío,
tras apostar a doble o nada
un corazón cerrado por derribo.

El café acorta las noches y alarga los días,
vadeando sueños, oreando rutinas,
el humo vende humo y poesía,
la vida se enquista.
Nada fluye. Todo permanece.

Los seres que me habitan se acostumbran al silencio
y se sientan en corro a verme marchitar.

Ya no prometemos, ya no somos jasp,
murmuro con desdén irónico,
inerte,
en el sofá,
por la libertad de ser tú mismo
pagas con la soledad.

Ya no somos niños, ya aprendimos a no soñar,
a calibrar nuestros desvelos,
a vivir con los pies en el suelo,
y, sin embargo, aún tememos la oscuridad.

jueves, 5 de mayo de 2011

Una ciudad enferma


Esta ciudad adicta al desamparo y la humedad
da testimonio de su locura y su verbena
apagando sus calles a la hora de la pena
para olvidar su existencia y su verdad.

Serpentean por sus calles inconscientes
individuos con coraza, corazón coraza,
que apenas esbozan una sonrisa breve
a la vuelta de la esquina de la rabia.

Se cruzan entre sí y conmigo, se pisan y me pisan
cuando creen que nadie los observa
y si se sienten observados se arrodillan,
se atan el zapato, bajan la cabeza.

Esta ciudad apta para huidos y extranjeras,
cobijo de putas de lujo, de piratas sin bandera,
centro del otro mundo, capital de la periferia,
se construye a medida que su palabra se quiebra.

Por sus cuestas imposibles ruedan sueños
en caída libre que invariablemente desembocan
hechos jirones sanguinolentos en su derrota
en las aguas imperturbables del insensible puerto.

Las heridas de los transeúntes no cicatrizan,
se gangrenan en una macabra danza
que agota y reprime toda esperanza,
que elimina cualquier rastro de alegría.

Esta ciudad se consume entre estertores
pidiendo a gritos una primavera
que la sane y que nunca llega,
esta ciudad enferma de gris sueña colores.


Imagen: Ciudad enferma, de Cristian Fuica