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domingo, 11 de octubre de 2015

Sin embargo, tú

Me he quedado de nuevo absorto en el aire,
contando sueños transparentes,
jugando a ser yo,
muriendo solo los domingos que agonizan
empapados de gris y silencio quebradizo.

Los tambores de guerra resuenan desde dentro
y marcan un paso imposible.
Imposible no caer,
no besar el suelo nuevamente,
para descubrir el sabor de una sangre y una tierra
amada y agridulce, mía y de nadie.

Da igual.
Fracasa otra vez.
Da igual.
Fracasa mejor.

Pero no da igual.
Nunca ha dado igual.
Cada cicatriz cambia tu cara
y cambia tu alma.
Todos los golpes son bajos
y siempre duelen más.

Yo nunca quise vivir para siempre,
es aterradora la inmortalidad,
solo aquí,
solo ahora,
no existe más allá.

No iremos al parque con los críos,
no bendeciremos con nuestro amor al tedio
ni seremos dos amantes en época de celo.
No miraremos las esquelas los domingos.

Y, sin embargo, muero por verte.

domingo, 23 de agosto de 2015

León que aúlla a la luna

Ecos de vida lejana resuenan
mientras la lluvia anuncia otro día gris.
Agosto multiplica las ausencias
y me recuerda el precio de existir,
de descubrir que todos los días son domingo.

Esta absurda sala de espera
del qué vendrá después,
inútil y austero,
atenaza una garganta
con mujer atravesada.

¿Qué sucede?
No pasa nada.
Nunca pasa nada
y el aire se esconde.

Las lágrimas calman la sed
cuando los besos queman.

Otra vez la sangre,
que grita como el mar y reverbera
exigiendo un doble o nada
por amor al arte
y la poesía.

Otra vez el viento desperdigando palabras
que germinan en un silencio que se impone,
por y para nosotros,
en la boca del estómago.

Otra vez los leones aúllan a la luna.


domingo, 31 de agosto de 2014

Estampa de verano

hace calor,
y la ventana está abierta.

Los gritos de los hijos de los vecinos
inundan de júbilo e impaciencia
las horas interminables del tórrido hastío
en que se ha convertido este verano.

Yo apenas salgo:
soy alérgico al sol,
alérgico al tiempo
y alérgico a los niños.

Sin embargo abro las ventanas,
el aire fresco y limpio
del mar de la mañana
hace bien a mi pulmón marchito.

hace calor y hoy es domingo:
la ciudad solo escupe vacío
y los semáforos maldicen su mala suerte
perpetuando un rojo hecho de sangre.
un transeúnte,
que pudiera ser yo
pero eres ciertamente tú,
se derrite bajo una marquesina inexistente
a la espera de un autobús que nunca llega,
y se ensaña con la vida.

hace calor,
y la sed impone su ley
en este desierto,
verde y en llamas.


miércoles, 28 de agosto de 2013

Aquel domingo


Los ecos de risas y aventuras
se colaban intempestivos
por las grietas de aquel domingo
de hierba y sábanas sin dudas.

“me encantan lo niños”
dijiste sonriendo a media voz,
entre los gritos,
temiendo asustar mi corazón.

No lo dije, pero te amé,
más que nunca, más que ayer,
aunque jamás seas la madre de mi hijo
ni yo el padre que tú has querido.