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jueves, 12 de abril de 2018

Muertos de risa

[Supongo que la existencia es algo tan relativo como el tiempo. Palabras que significan demasiado para significar y que, sin embargo, se erigen en clave del todo. Y tras la pátina de trascendencia una risotada gutural, salvaje, insolente. Así lo siento yo las más de las veces.]

¿Quién sabe permanecer
en un recuerdo maltratado
por la esperanza
y por el silencio?

Apenas subimos al estrado
perdemos la voz y la inocencia
y confesamos:
mentimos una vez,
con premeditación y alevosía,
enfrentados al espejo,
y volveremos a mentir;
robamos,
con nocturnidad,
las veces mejores palabras,
las peores, sentimientos;
nos atrevimos a soñar,
incandescentes,
iridiscentes,
sin miedo;
pecamos,
y volveremos a pecar.

No cantamos por no callar,
escuchamos cantar.
No vinimos a negarnos.

La ciencia cierta nos asiste
y nos asimos a una luz
que se derrama
y nos pervierte.
(Aún) No sabemos (todavía)
quiénes somos.

Mientras tanto
imagino a los dioses
muertos de risa.

domingo, 21 de febrero de 2016

Verdugos

No me vendes los ojos,
no me hurtes la mirada.
Esta vez quiero ser cómplice
y ver cómo me matas.
Yo también sé ser verdugo.

Para qué llorar,
si no somos más que arte
que niega lo que grita,
profetas silenciosos
de un mañana que cercena,
versos condenados al delirio.

Ambos sabemos que los dioses
han de callar.
Sonreirán desde su olimpo imposible.
Impasibles.

Nuestro es el decoro
y la dicha de la muerte.
El amor y su luna.
El último aliento,
que tejemos inconscientes
de que realmente nos envidian.

Nuestro es este instante que agoniza
ufano
y se repite
inclemente.

Las lágrimas que vertemos,
el amor y el dolor de cada día,
de cada pedacito de día.