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miércoles, 28 de marzo de 2012

Motivos del desvarío

Escribo poesía por pereza,
para clavar el dedo en la llaga me sobran quince versos,
mi tratado de filosofía se reduce a una hipérbole y un hipérbaton,
dos retruécanos y la impostura.
Las palabras no son tan ligeras,
las palabras ocupan tiempo,
valen lo que el aliento vale:
nada si necio, todo en un momento.
Palabras como cantos de pájaro en época de celo,
como ruidos de parto,
como rumor de pinos,
como olas rompiendo.
Toda mi voz no es más que un instante,
un grano fugaz de arena en un desierto inabarcable,
un canto de sirena, apenas una leyenda de existencia incierta.
Escribo poesía para existir, para no olvidar quién soy.

domingo, 18 de marzo de 2012

Proceso de escritura


Equilibrante despropósito amanerado,
un modo ecuánime de enjuagar con las palabras,
absurdas e inconexas retahilas de letras
que soslayan o evidencian la agonía.
La absoluta carencia de sentido
que no salva ni el sexo pendenciero
ni la fe quebrantada ni la ciencia del viento,
la condena a vida del que piensa.
Un vómito que escupe lo que cuenta
y se desvanece como un suspiro de tiempo
en un mar eterno y etéreo,
un océano vacío.
No hay monstruos más allá del espejo.

domingo, 26 de febrero de 2012

Un poeta y su retrato

Soy un cualquiera que escoge para gritar un poema,
un indigente de amor apostado en todas las esquinas,
apenas una hormiga desvencijada que,
asaltada por las dudas,
opta por renegar del hormiguero,
sin orgullo ni alegría.

Una palabra absolutamente prescindible, como todas.
Un eureka de plástico.
El principio de un fin.
El último mono en la República de la Letra.
El rey del desatino.
Una voz de humo áspera y elocuente.

Soy un instante que huye,
un tiempo que ya ha sido,
una palabra que ya era, es y aún será
más allá del aliento que la moldea,
una idea que no se pudo concretar,
un nombre escrito en la arena.