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lunes, 28 de julio de 2014

Voyeurisme

Ayer te observaba en silencio,
tú bebías ajena y dichosa tu taza de té
y la vida sucedía alrededor.

Yo, mientras, respirando a medio pulmón,
rondándote desde la otredad,
deseando bailar a la luz de la luna,
no acertaba a existir en tu presencia.

Tu mirada traviesa saltaba de aquí para allá,
evitando, en la medida de lo posible,
mi tendencia insana a la trascendencia,
y tus manos jugaban, nerviosas y seguras,
a doblar un corazón de tinta
que un poeta inconsciente te había regalado.

Hoy te observo, en silencio,
amarrada todavía a la noche vacilante,
temerosa de tus sueños y mis sueños,
y te quiero aún más que antes,
aunque tú no me veas.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Pérdidas habituales



Aprendí pronto a no entenderte,
a aceptar tu otredad,
a inventarme motivos.
Vienes y te ofuscas, te alejas y me besas
o sencillamente me das la espalda
y yo no te toco.

Después de todo tu ausencia
es una presencia que va poblando las esquinas,
haciendo suyos recuerdos que no pudieron ser,
naufragando en una lágrima.

El espejo me conmina a renegar de un amor
absurdo que desborda y nada,
de un imposible improbable que escapa
y te deja lamiendo heridas,
tendido al sol.

La luna echa en falta mis aullidos,
tus gemidos, mis pordiós,
y se acostumbra,
afortunadamente impertérrita,
a un silencio desolador.

Anoche tuve un sueño pesadilla,
anoche, de nuevo, te perdía.