cuando respirar es un suicidio,
y araño por inercia un pétreo cielo
sepultura de un sollozo colectivo.
Vago sin alma y sin carne,
consumiendo gramo a gramo la miseria,
ardiendo en el infierno cada tarde
al calor y al hedor de las estrellas.
Todas las cifras escritas con sangre
terminan en una delgada línea roja
que nunca se extingue, una soga
al cuello de la humanidad cobarde.