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viernes, 1 de noviembre de 2024

Difuntos propios

todos mis muertos renacen a diario
los que murieron
los que mataron
mientras yo vivo equidistante
rodeado de cadáveres
que me recuerdan
quién soy

apenas otro nombre
que tachar en una lista
de ausencias renovadas
estéril e inútil

porque todo fluye
porque nada permanece
salvo quizás
la estupidez
y
la arrogancia

solo los vivos pensamos en la muerte
¿pensarán los muertos en la vida
-apenas un instante fugaz
un breve fulgor-?
y si lo hacen
¿lo harán con nostalgia
o con desprecio?

no acabo de vencerme
ni acabo de rendirme
-ahora todavía-
e intento mantener la impostura
a base de metáforas
que nunca nadie entiende

y yo quería ser poeta
ser padre 
ser valiente
ser don Juan
-el de Torrente-
ser Quijote
y Sancho
y ser árbol
y pájaro
y ser persona
y no ser gente

verso suelto a voz en cuello
cantos de cisne
y acuarelas

ya no importa la muerte

domingo, 13 de enero de 2013

Yo quiero ser Jeruso


Cuando era niño leí un libro (entre muchos otros) que dejó una huella indeleble en mi memoria. No recuerdo el contenido del libro. No recuerdo sus tapas, tipografía o colección editorial. Recuerdo su título: Jeruso quiere ser gente.
Por mis manos han pasado muchos títulos, y he de reconocer que gran parte de ellos se han diluido entre las maravillas que ocultaban. Eran simples etiquetas. Otro zarpazo del marketing publicitario. Pero Jeruso quiere ser gente. Y Jeruso somos todos.
Yo siempre he querido ser gente, como Jeruso, pero… ¿cómo ser gente? Y aún peor… ¿qué es ser gente?
Ser individuo es sencillo, basta con mirarse en un espejo para reconocerse uno. Pero la frontera entre ser uno y ser gente, ¿dónde está? ¿Cómo elevar al cuadrado o al cubo la existencia?
Jeruso quiere ser gente. Yo quiero ser Jeruso.
¿Por qué solo existe la impostura?