Las aguas inundaron las palabras,
todas las promesas naufragaron
y todo resto se soñó ruina.
No se detuvo el tiempo,
solo los relojes perdieron su sentido
y se revelaron inútiles.
Pero el diluvio no cayo del cielo,
no fueron dioses vengadores los culpables,
la historia simplemente cesó.
La poesía huyó con los poetas,
los clérigos murieron arrodillados,
la ley se diluyó.
Lo que era dejó de ser sin ser nombre,
la existencia es sustantiva solo a ojos de otros ojos,
sin punto de vista no hubo nada.
Imagen: Urbano Lugrís
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